Cristina ordenó admitir las modificaciones para acelerar la aprobación

LA NACIÓN, miércoles 13 de noviembre de 2014

La presidenta Cristina Kirchner ordenó firmar el dictamen en el Senado, pero con un sabor agridulce. Si bien no estuvo de acuerdo con las más de cuarenta reformas que le imprimió el propio bloque del Frente para la Victoria (FPV) al proyecto de reforma del Código Procesal Penal, dio la orden de que los senadores firmaran el despacho de comisión para que el recinto lo sancione: consideró que el objetivo esencial, el cambio del sistema inquisitivo por uno acusatorio, no se había alterado.

De todos modos, en la Casa Rosada admitían ayer que tantos cambios al proyecto del Poder Ejecutivo implican que la bancada que dirige Miguel Pichetto ya no responde ciegamente a la Casa Rosada. Y envía señales de diferenciación, como con la ley de telecomunicaciones y con el freno al pliego de Alejandro Vanoli como presidente del Banco Central.

Los hombres de Cristina Kirchner sospechan que en estos cuestionamientos interviene el gobernador y precandidato presidencial del FPV, Daniel Scioli, que respalda a Pichetto como candidato a gobernador de Río Negro.

Así y todo, en el nuevo sistema procesal los fiscales que dependen de la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, que responde al Gobierno, tendrán el monopolio de la acusación e investigación de las causas y los jueces sólo dictarán las sentencias.

“La orden que bajó la Presidenta fue que el dictamen saliera hoy (por ayer) sí o sí. Quiere tener la ley antes de diciembre. Con algunos cambios está de acuerdo y con otros no, pero el objetivo es que salga el Código Procesal Penal con el cambio del sistema inquisitivo a acusatorio”, dijo a LA NACION una alta fuente oficial.

“No hubo una defensa cerrada del proyecto ni se votó a libro cerrado. Cristina dio luz verde para que el texto fuera enriquecido”, dijo otro funcionario con llegada a la Presidenta.

La mandataria fue informada sobre los cambios a través del secretario legal y técnico, Carlos Zannini; del ministro de Justicia, Julio Alak, y del secretario del área, Julián Álvarez. Los primeros recibieron consultas de los senadores y las transmitieron a Olivos, donde Cristina Kirchner pasó su tercer día de reposo de su cuadro de sigmoiditis.

En su única actividad pública, la mandataria reactivó su cuenta de Twitter luego de su internación en el Sanatorio Otamendi, de la que fue dada de alta el domingo último.

Cerca de algunos ministros, conscientes de que el texto original era mejorable, reconocieron ante LA NACION que los senadores del FPV convocaron a prestigiosos tratadistas y procuradores provinciales para que volcaran sus ideas. Y que la Presidenta no opuso resistencia a esas modificaciones, entre las cuales en la Casa Rosada destacaban las siguientes:

  • Se atenuó la deportación de extranjeros. Ese punto había generado divisiones en el propio oficialismo y Alak lo había relativizado cuando fue a exponer en el Senado. Además, el debate que instaló el secretario de Seguridad, Sergio Berni, terminó en que la propia Dirección de Migraciones, que dirige Martín Arias Duval, debió reforzar los controles para detener a falsos turistas.
  • Se eliminó el concepto de “conmoción social del delito” como parámetro para dictar la prisión preventiva, lo que fue rechazado en el kirchnerismo. “Ideológicamente siempre el Gobierno estuvo en desacuerdo y era muy peligroso, un error”, confiaron en la Casa Rosada.

En Balcarce 50 admitieron que a la Presidenta no le gustó que Gils Carbó perdiera las atribuciones de designar y reasignar fiscales en las causas y se impusiera el criterio de designar fiscales por sorteo. Pero de todos modos la procuradora mantendrá un amplio poder sobre los fiscales y la mandataria ordenó firmar el dictamen, aunque esta vez no pudo ir por todo.

SIN CANDIDATA PARA LA HAYA

La presidenta Cristina Kirchner reapareció ayer desde su cuenta en Twitter para anunciar que la Argentina decidió retirar la candidatura de la embajadora Susana Ruiz Cerutti para integrar la Corte Internacional de Justicia, dado que en todas las rondas de votación la candidata argentina obtuvo la mayoría de votos en el Consejo de Seguridad, mientras que Patrick Lipton Robinson, de Jamaica, obtuvo la mayoría absoluta de votos en la Asamblea General.

“La Argentina decidió priorizar el fortalecimiento de la unidad regional y evitar cualquier posibilidad de división entre países hermanos”, escribió Cristina Kirchner en Twitter.

Así, la Argentina se quedó sin candidato en un espacio clave para la política exterior.

Escuchá a Mariano Obarrio los sábados de 9 a 11 en “Unas Cuantas Verdades” por Radio El Mundo AM1070 

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Scioli y Massa deberían competir en primarias para contrarrestar efecto Pro-Unen

Si bien es casi imposible que ocurra por varios motivos, Daniel Scioli y Sergio Massa deberían competir en primarias abiertas del justicialismo, para contrarrestar el efecto de la convocatoria de Mauricio Macri a Elisa Carrió y Ernesto Sanz a integrar un frente opositor no peronista que se cristalice en una PASO, un fenómeno que de concretarse abriría una expectativa de concentración de votos anti K.

Todavía esta alianza no-PJ está en gestación. Pero de concretarse, ni Scioli ni Massa se podrían confiar de ganar con seguridad en una primera vuelta o en un ballottage contra un frente que aglutine a todo el arco no kirchnerista y no peronista. Quizás esta sea la primera novedad política.

Por otra parte, para ordenar definitivamente el sistema de partidos, si Macri y UNEN confluyen en un frente opositor no peronista, sería necesario (para el justicialismo en general) que el peronismo defina un liderazgo único en las urnas, presente un solo candidato en 2015, y no concurra dividido y debilitado a las generales de octubre en la que cada uno parece tener un tercio del electorado.

De ese modo, habría dos grandes “partidos” ordenados como en las democracias más avanzadas para una contienda nacional: un gran frente peronista y una coalición amplia no peronista. Sería una competencia clara y definida.

Sin embargo, hoy no hay chances de una alianza posible entre los dos candidatos peronistas: Massa y Scioli presumen que en realidad el otro saldrá tercero en las PASO y que el electorado derrotado terminará volcándose en las generales “en el voto útil” por la opción peronista más ganadora.

Ambos quieren pescar en el cardumen del otro. Pero ninguno acepta sentarse a conversar con el otro. Para estos peronistas no hay nada peor que el otro peronista.

Lo más curioso es que si uno de los dos fuera gobierno, seguramente intentará conquistar la tropa del adversario. Es el peronismo y siempre allí todos corren en auxilio del ganador: la peor traición es el llano y el triunfo es el mejor ordenador de lealtades.

Massa no quiere ir a una PASO con Scioli porque ello significaría competir dentro del Frente para la Victoria y aceptar su carta orgánica, con sus reglas de juego formales y también con su falta de reglas de juego en las prácticas electorales.

Scioli considera que Massa se fue del peronismo y que él tiene el derecho ganado a usufrucutar del aparato de gobernadores, intendentes y del poder institucional que ocupa el PJ-K. En realidad, ninguno quiere porque especulan con poder alzarse en las generales de octubre con los votos del tercio de la torta que le pertenece hoy al otro.

¿Cómo es esto? Massa considera que si va al ballottage contra Scioli podrá captar todos los votos del macrismo y de UNEN y derrotar al Gobierno, con Scioli incluido. Y especula con que si le toca competir con Macri podrá recoger en su ambulancia a los peronistas heridos de Scioli.

En cambio, Scioli especula con que Macri saque más votos que Massa en las PASO y que los votantes massistas desalentados del peronismo disidente se encolumen detrás de su liderzgo, peronista al fin. La disputa es por el “voto útil”. Aunque el sciolismo admite que los massistas-no peronistas tambien se irían con Macri.

Para que ello ocurra, Massa debería quedar tercero a media docena de puntos por debajo de Macri. Si entre ellos hay paridad en las PASO tambien la habría en la general, comentan los sciolistas.

¿Y si gana Macri con su alianza con UNEN porque el voto peronista se divide? En ese caso, Scioli y Massa deberán explicar a los gobernadores, intendentes y legisladores del peronismo que dividieron el partido pensando más en sus especulaciones personales que en la suerte del movimiento.

El precio de eso es muy caro para cualquier peronista que debe dejar de administrar una provincia o una intendencia por el capricho de los jefes superiores. Los intendentes fueron a Olivos a pedir que no haya más divisiones y colectoras el día de la elección general. El peronismo pasa facturas.

Por otra parte, la derrota de Scioli y Massa sería la mejor noticia para Cristina: habrá logrado colocar decenas de diputados de la Cámpora que no tendrán otros referentes que la Doctora y que respetarán su conducción para oponerse a todas las políticas del ultraderechista Macri.

Scioli y Massa juegan un juego riesgoso en el PJ. Uno de ellos quedaría afuera. En cambio, un acuerdo entre ambos para participar en las PASO les hubiera garantizado a ambos que el que gana gobierna y el que pierde acompaña (y se prepara desde adentro del gobierno para poder suceder mañana al vencedor de hoy).

Pero ese acuerdo, obligatorio en otras épocas en el peronismo, ya está lejos. Lo intentaron Eduardo Duhalde, José Manuel de la Sota, Juan Carlos Mazzon y todos los gobernadores con historia en el PJ. Solo gastaron mucha plata en cafe.

Era un jugada con historia peronista. Antonio Cafiero rompió en 1985, fundó la Renovación (hoy Massa el Frente Renovador), ganó la gobernación bonaerense en 1987 pero luego disputó una gran interna con Menem en 1988. Perdió. Pero cafiero no dividió el voto peronista en las presidenciales de 1989.

Luego comenzaron las divisiones en serio: Menem conspiró contra Duhalde en 1999 y éste se desquitó del riojano fragmentando al peronismo en 2003: en las generales compitieron Menem, Kirchner y Rodríguez Sáa. Duhalde logró bloquear a Menem y entronizó a su verdugo: Kirchner.

Rodríguez Saá entro y salió del kirchnerismo. Menem pactó la impunidad y los fueros y está dentro de las filas K, olvidado en una banca de Senador. Ahora, los Kirchner, los Scioli y los Massa vuelven a fracturar al peronismo ante los impotentes caudillos del interior y los barones del conurbano.

Un acuerdo hoy es un imposible. Todos llevaron las rencillas demasiado lejos y es imposible volver de tantas agresiones políticas y personales. Si Massa y Scioli pierden contra Macri, la Doctora intentará revivir al kirchnerismo con algún defín de su sector. Pero esas son alquimias que siempre fracasan.

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