La frase de Hebe revela que los violentos guerrilleros de los 70 nunca lucharon por la democracia

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POR MARIANO OBARRIO

El “Basta de ser democráticos y buenos” de Hebe de Bonafini es la confesión brutal de una mentira que duró 40 años y que los argentinos aceptamos sin rigor histórico. Los “jóvenes idealistas” del actual progresismo y la “juventud maravillosa” de Perón luego devenida en “imberbes y estúpidos que gritan” en la Plaza de Mayo de 1974, nunca fueron democráticos.

Montoneros, ERP y todas las organizaciones armadas guerrilleras nunca creyeron en la tolerancia y en la convivencia política, ni en las urnas ni en la división de poderes: quisieron tomar el poder por las armas y no por los votos.

Mataron miles de personas: militares, policías y población civil, abuelos, adultos y niños. Provocaron atentados terroristas y buscaron sembrar el caos y la violencia para aterrorizar a un pueblo y obligarlo a aceptar su “revolución”. Cuanto peor, mejor, decían. Y hasta alentaron el golpe de Estado para acumular consenso entre las masas populares que creían tener de su lado.

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Cometieron crímenes de lesa humanidad y violaron los derechos humanos (secuestraron, mataron, extorsionaron) luego reprimidos y repelidos con otros crímenes de lesa humanidad y otras violaciones de los derechos humanos que constituyó un terrorismo de Estado inadmisible, pero que no borra, ni disminuye las culpas de los terroristas por sus aberrantes crímenes cometidos en democracia. El terrorismo tenía ese estigma en los 70.

Esa violencia armada, profundamente antidemocrática, fue reivindicada en un documento el 24 de marzo de 2017 en la Plaza de Mayo por las Organizaciones de Derechos Humanos en el Día de la Memoria. Para celebrar la democracia, la insultaron y la denigraron.

Porque aquellas organizaciones guerrilleras habían generado una violencia sangrienta, la más oscura y horrorosa de la historia del peronismo. Enfrentaron al peronismo en dos bandos: los “zurdos” y la “derecha”. Los primeros eran los que hacían la revolución y los ideólogos que la defendían. Llevaron a miles de jóvenes a la muerte segura. En la derecha, estaban los peronistas históricos, los leales a Perón, los sindicatos y las fuerzas armadas y de seguridad.

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Para Hebe y para los que reivindican ahora la violencia armada en el Día de la Memoria, la democracia nunca fue un valor esencial a defender, sino una herramienta operativa para tomar el poder sin confesar su pasado y sus propósitos y para ejercerlo de manera autoritaria, totalitaria, populista y revanchista.

Violando todos los principios de la República y forzando a los demás poderes al disciplinamiento automático y al conflicto permanente: presionando a los jueces, comprando a los gobernadores y legisladores y subordinando a los empresarios, a los sindicatos y a algunos medios de comunicación.

Los maestros en las escuelas deberían comenzar a enseñar la otra historia. La otra dictadura de las armas. El nacimiento de Montoneros en 1970. Los tres meses de Héctor Campora (cuyo apellido inspira a La Campora), la liberación de los guerrilleros de las cárceles, la irrupción de Perón, las luchas internas del peronismo, los guevaristas y castristas contra la “burocracia sindical” de la derecha. O la creación de la Triple A con Lopez Rega para reprimir a los guerrilleros.

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También el asesinato de Rucci, los atentados del ERP al regimiento de Azul y de Montoneros al de Formosa, el ataque contra el cuartel central de la Policía Federal, contra el comando de Sanidad, el secuestro y asesinato de Larrabure, el ajusticiamiento de Aramburu o la voladura del departamento de Armando Lambruschini, en el que murió su hija Paula (15) y una vecina, Magarita Obarrio Vila (82) dan cuenta que los revolucionarios no querían la democracia.

Solo buscaban el poder por la fuerza para instaurar un régimen autoritario de izquierda emparentado en ese entonces con Cuba y con el comunismo en boga promovido por la ex URSS. Creyeron que Peron los ayudaría y veían en él un Fidel Castro argentino.

Cuando advirtieron que Peron no los acompañaría, entonces lo desafiaron a los gritos en la Plaza de Mayo: “Qué pasa, que pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular”. Perón los echó de la Plaza y poco después pasaron a la clandestinidad para redoblar, una vez muerto el líder, su lucha armada y sangrienta contra propios y extraños.

Por eso, el sincericidio de Hebe de Bonafini en la Plaza de Mayo no debe tomarse a la ligera, como otra frase más de tantos improperios de una señora mayor y exaltada. Es sencillamente la verdad histórica: ellos nunca creyeron en la democracia. Ni aún cuando tuvieron los votos.

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