Respaldo en la Plaza de Mayo: la gente le dio más poder a Macri en el 1-A, pero también le reclamó que lo use

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POR MARIANO OBARRIO

La masiva marcha del “1 A” fue un contundente respaldo al sentido común: a un país en el que los ciudadanos no vivan extorsionados por una casta de políticos corruptos, sindicalistas ricos y piqueteros extorsionadores que viven violando la ley, el orden y el Estado de derecho ante la mirada pasiva del gobierno de turno.

Esa sabiduría ciudadana le dio una fuerte palmada a Mauricio Macri. Pero esa palmada es para que avance con los cambios y no para que los demore en el márketing. El Presidente debe comprender que el poder que le dio la gente no es para guardarlo en una caja de cristal hasta las elecciones.

Macri y Marcos Peña temían entrar en una pulseada por ganar la calle. Para el peronismo y su brazo armado, el sindicalismo y los piqueteros, ganar la calle es un requisito para merecer respeto político. ¿Querían disputar la calle? ¿Querían calle? Tuvieron calle. Sin micros, sin 500 pesos por militante, sin aparato, sin choripanes, sin bebida. Sólo gente y redes sociales. Autoconvocados. ¿Más calle que esa?

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La calle le dio poder a Macri. Ese poder es para usarlo y ejercerlo, de lo contrario no existe. O peor, lo ejercerán en contra de él. Macri no debe confundirse y pensar que con 70.000 personas en la Plaza de Mayo tiene el respaldo asegurado porque hizo todo bien.

La gente frenó al kirchnerismo y al peronismo radicalizado en su maniobra desestabilizadora, pero le reclamó a Macri que ejerza el poder que ella misma otorga.

Debe usar el poder, entonces, por ejemplo, para eliminar los piquetes que violan la Constitución y el Estado de derecho. Debe usar el poder para cumplir la ley. Punto. Y no para dejarse llevar por los focus groups de los estrategas de marketing. ¡Basta de piquetes!, ordenó la calle.

Debe usar ese poder para construir un sistema de planes sociales vinculado a la contraprestación laboral y la capacitación para que los pobres puedan valerse por sí mismos y vincularlos así con las fuentes de trabajo reales. Debe usar el poder para un gran pacto social en el que todos se integren para crear nuevos trabajadores.

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Debe usar ese poder para disuadir a los opositores del PJ, la CGT y otras organizaciones sindicales a que no comiencen un festival de paros y extorsiones en el Congreso. Debe usar ese poder para decir las cosas como son: todo lo que recibió, sin temor a represalias.

Debe usar ese poder para erradicar a los empleados públicos ñoquis, quitarles los cargos a los funcionarios influyentes que responden aun al kirchnerismo y que boicotean su gestión. Debe utilizar ese poder para depurar Canal 7 de funcionarios K que condicionan al gobierno nacional e imponen contenidos acordes al relato K.

Debe usar ese poder para bajar el gasto improductivo del Estado nacional, las provincias y los municipios, para reordenar programas y organismos, fusionar secretarías y subsecretarías y echar a una serie de funcionarios políticos inútiles sólo sostenido por pactos políticos como a choferes que usan autos oficiales para traslados ajenos a la administración pública.

Debe usar ese poder para sacar a los resabios de La Campora que siguen en los ministerios de Justicia, Hacienda, Transportes, Desarrollo Social y tantos otros.

Debe usar ese poder para obligar a los maestros a dar clases y diseñar una carrera docente sin ausentismo y con aumentos de sueldo según presentismo y según la aprobación de exámenes acordes con estándares internacionales.

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Debe usar ese poder para desarticular los privilegios sindicales y denunciar ante la gente cuando los sindicatos lo extorsionan con quita de colaboración.

Debe usar ese poder para utilizar a los jueces y a las fuerzas de seguridad contra los delincuentes, barras bravas y narcotraficantes y contra todo el que altera el orden en el espacio público. Debe usar ese poder para depurar la Justicia.

La gente pasó un mensaje: quiere un cambio de verdad, está cansada de piqueteros, de sindicalistas ricos que condicionan gobiernos y exigen privilegios y de un peronismo que siempre que percibe debilidad está dispuesto a desgastar.

La gente le dio fortaleza a esa debilidad culposa o políticamente correcta. Miles de personas se lo dijeron, pese a que había que movilizarse un día sábado, atípico para marchas políticas en el microcentro, una tarde llena de partidos de fútbol de Boca, Racing, Newell’s y Belgrano de Córdoba (los equipos con mayor audiencia en canchas y en televisión) y con un multitudinario festival de rock que concitaba interés.

Los autoconvocados hablaron en la Plaza de Mayo, en Caballito, Flores, Belgrano, Palermo, Olivos, Cordoba, Rosario, Santa Fe, Mar del Plata, La Plata, Tucuman, Salta y en todo el país. Pero no fue una declaración de fanatismo en favor de Mauricio Macri. Fue una advertencia para aquellos que abusan del poco poder que tienen y para los que no usan el gran poder que emana del voto popular. Lo deben aprender a usar. Fue un respaldo, sí. Pero también un reclamo.

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