CFK necesita la postal del caos para convencer al pueblo de que la vote a ella para devolverle la paz social

violencia

POR MARIANO OBARRIO

Nunca en los últimos meses se la vio tan sonriente y distendida a Cristina Kirchner como el sábado, el día después de la violencia en la Plaza de Mayo, charlando con mujeres en Exaltación de la Cruz, sobre un taburete haciendo su stand up. La postal de un país en llamas, ingobernable y en medio del caos, el viernes, era lo que ella estaba necesitando. Le sirve para demostrar que Macri lidera una dictadura neoliberal contra la que hay que luchar: un gobierno para ricos que reprime al pueblo. Es justo desalojarlo.

El modelo liberal sólo cierra con represión. Y provocar a las fuerzas genera represión. Una profecía autocumplida. Esa es la foto que necesita. Desbordes, destrozos, llamas. Las críticas al modelo económico de derecha no le habían dado esa imagen tan poderosa y necesaria a la Doctora. Intentó durante toda la campaña de las PASO, pero la gente no le creyó. Tal vez el pueblo tenía esperanza. No lo pudo sacar a la calle. Y para peor, la votaron muchos menos de lo que ella esperaba.

Pero no solo eso: a Macri lo votaron muchos más de los que ella hubiera querido. Es esa clase media burguesa argentina que no entiende a los pobres y que seguramente votan engañados por el marketing. Argentina es un pueblo que no sabe lo que necesita. Necesita muchos años de kirchnerismo, según ella.

El pueblo debe entender que la necesita a ella. Por las buenas, o por las malas. Por la ley o por la fuerza. Por persuasión o por extorsión. Había que aplicar entonces el “Plan B”. Nada nuevo bajo el sol. Ya lo coreaba La Cámpora cuando en los actos de la Casa Rosada homenajeaba a la jefa candándole: “Che gorila che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina… que quilombo se va a armar”. Presagiaban el caos sin ella en el poder.

campora

Los jueces comenzaron a tocar a Cristina. Y la gente la terminó de herir, cuando en todo el país sólo la apoyó el 21% del electorado y el 79% apoyó a otros partidos. Y cuando el 36% de pueblo votó a ese horrible dictador neoliberal y represor. Está herida de muerte.

Y una leona herida de muerte da el zarpazo. El que avisa no traiciona. La Campora avisó y se armó el quilombo nomás. Bastaron pocas semanas. La economía para ricos no le sirvió a ella para sacar a la gente a la calle. La política es injusta: hubo más caos, incendio y violencia en Santa Cruz, la tierra desde donde llegó el modelo nacional y popular, el que nos garantizó la acumulación de derechos. Más bien fue el “1-A” lo que volcó masas enardecidas a rechazar los actos políticos aparateados con micros y choripanes del kirchnerismo. Entonces la desaparición de Santiago Maldonado le dio una segunda oportunidad para agitar el descontento. El quilombo.

El kirchnerismo venía buscando hace rato un muerto por la represión macrista en los piquetes. La provocación a las fuerzas de seguridad era total. Buscaba un caso testigo para justificar que “Macri es la dictadura”. Otra vez, la política es injusta. La policía profesional no tiene por qué matar para poner orden en la vía pública. Nunca obtuvo ese muerto. Pero entró en escena un desaparecido, Santiago Maldonado. El caso sirvió para politizar al máximo el reclamo pro su aparición.

Era una oportunidad ideal para fortalecer el relato de la dictadura y de una Gendarmería represora. No importó que los jueces dijeran que no hubo pruebas contra los gendarmes. Nada podía empañar una “Semana de Agitación” perfecta del anarquismo y el kirchnerismo en todas sus formas.

El acto del 1º de septiembre debía coronar esa agitación. No era para menos. Muchos conatos de violencia hubo antes y durante la concentración. La desconcentración fue la postal ideal, la del país incendiado y en medio de las llamas y el caos. La que no le había dado esa maldita economía para ricos. Momento maravilloso para instalar una vez más que, sin el kirchnerismo, y con Cristina asediada por los jueces, no es joda, “el quilombo se va a armar”. Y para gritar a cuatro vientos que ante el fatalismo del caos la única garantía para traer nuevamente la paz social es que la voten a ella. Para vivir felices. El pueblo debe entender que ella es imprescindible. Sonriente y serena, como en Exaltación de la Cruz.

exaltacion

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