LA DERROTA FUE “DIGNA”, PERO OBLIGA A REVISAR SEVEROS ERRORES Y A HACER UNA FUERTE AUTOCRITICA

MACRI NO RESOLVIÓ URGENCIAS ECONOMICAS DE SECTORES MEDIOS QUE LO VOTARON PARA DESTERRAR PARA SIEMPRE AL POPULISMO; ADEMAS NO HIZO LAS ALIANZAS PARA GENERAR GOBERNABILIDAD Y UNA MAYORIA GANADORA

Por Mariano Obarrio

La derrota fue “digna”, pero requiere autocrítica para revisar severos errores en la gestión y en la política. El presidente Mauricio Macri, por mala praxis, no pudo resolver el problema económico de los sectores medios que lo votaron para desterrar para siempre el populismo. Además, incurrió en mala praxis política: no buscó a tiempo alianzas con algún peronismo “amigable” que le garantizara gobernabilidad y una mayoría ganadora. En cambio, buscó seducir a sectores “progres” que nunca lo iban a votar, y así expulsó a sus votantes duros del “centro” del espectro ideológico.

Contra eso no hubo alquimias salvadoras. La mística de la fiscalización, las caravanas del “Sí, se puede”, y los llamados a votar a los haraganes que no habían ido a las PASO nunca podían alcanzar. La derrota obedeció a dos factores irremontables:

1-La inflación, la crisis, los despidos, los tarifazos y la presión tributaria generaron una mayoría que quería desalojar a Macri del poder. Y que encontró en el peronismo la mejor herramienta para lograrlo. Así como en 2015 Macri ganó porque los sectores medios votaron “contra Cristina”, ayer Alberto Fernández ganó porque se votó “contra Macri”.

2-En 2015 el peronismo estaba dividido, pero hoy está unido. Daniel Scioli obtuvo hace cuatro años 37,1% en la primera vuelta y Sergio Massa 21,4%. Macri, el 34,1. Con un mayoritario voto “prestado” de Massa, Macri ganó el ballotage por 51 a 49. Pero ayer, el votante mayoritario de Massa apoyó a Fernández y un 6% se quedó con Roberto Lavagna. Se entiende: Massa había regresado a la boleta del peronismo.

Mala gestión económica y mala praxis política. La crisis económica por un lado y la falta de alianzas por el otro condujeron a Macri a la inevitable derrota. Hay que admitir que la mística de las marchas del “Sí se puede” fue muy meritoria: le dio 40 puntos, 8 más que en las PASO. Fue su casi techo de 2017, cuando obtuvo 41. Pero no se podía perforar ese techo –técnicamente imposible- sin aliados peronistas y sin gestión de la economía. Macri y Marcos Peña lo reconocieron cuando “al final del día” incorporaron a Miguel Pichetto a la fórmula presidencial. Y cuando apuraron medidas de recuperación del consumo. Pero fue poco, tarde y mal.

La economía y la política fueron dos problemas de fondo que no podían resolver ni los fiscales ni la mayor presencia en las urnas. Allá por 2016, desde la marcha del 1-A entre el Obelisco y la Plaza de Mayo, Macri confió en que el peronismo “no vuelve más”. Y se terminó convenciendo. Pero hizo lo necesario para retornarlo al poder. El responsable detrás del trono fue Jaime Duran Barba.

Jaime Duran Barba

La estrategia de la polarización contra Cristina Kirchner fue definitivamente errónea. Le marcó a la sociedad quién era la figura por la cual tenía que votar para expresar el “castigo” contra Macri. El propio Presidente convirtió a Cristina en su principal opositora. Le hizo campaña. Ella estaba en retirada y acusada en decenas de casos de corrupción. Pero la resucitó. Mientras el Gobierno hablaba de ella, Cristina callaba y acumulaba sin hablar. Será ahora una de las dos patas del nuevo gobierno. Alberto y Ella.

Incluso, la idea de agigantar el fantasma de su regreso, le repercutió negativamente en la economía, con mercados nerviosos por la vuelta del populismo y con una persistente suba del riesgo país y del dólar. Mal negocio político y económico.

Macri también desaprovechó la oportunidad de retirarse, preservarse como arquitecto de la alianza, y ceder su candidatura presidencial a María Eugenia Vidal. O al menos de desdoblar la elección de la provincia de Buenos Aires para que ella pudiera pelear en mejores condiciones la provincia y así preparar un terreno para las presidenciales. Como Alfredo Cornejo o Gerardo Morales lo hicieron en sus provincias, Mendoza o Jujuy. Obligó a Vidal a jugar en el peor terreno.

Desde antes de asumir, el Presidente se traicionó a sí mismo y mantuvo el modelo K, pero más “emprolijado”. Nunca dio la batalla del gasto público, origen la crisis económica, financiera y cambiaria. Supuso por consejo de Marcos Peña y Duran Barba que el déficit fiscal se iba a licuar con la lluvia de inversiones de los primeros dos años. Y en el mientras tanto, había margen para resolver el rojo fiscal con más deuda hasta que los nuevos capitales le dieran el crecimiento económico y las exportaciones que le garantizaría mayores ingresos para cubrir el déficit. Carlos Melconián tenía la receta contraria: había que bajar el gasto. Pero el economista ortodoxo tuvo una corta vida en el Banco Nación.

El gobierno de Macri decidió no mostrar la herencia recibida y sólo tardíamente exhibió un informe “El Estado del Estado” que no tuvo la difusión necesaria porque era un mamotreto de cientos de páginas imposible de resumir en un texto asimilable para la gente. Y no pasó de ser una noticia fugaz en los diarios.

No sólo no bajó el gasto Macri, sino que lo incrementó. Más recursos para las jubilaciones, más planes sociales, más obra pública, más ministerios, de 16 a 22, más secretarías de Estado y más nombramientos de funcionarios en todos los niveles, sin reducir las capas geológicas anteriores. A eso se le llamó “gradualismo” fiscal. Había que dar buenas noticias. Incluso, redujo ingresos: bajó impuestos y eliminó retenciones. La única variable de ajuste fue eliminación de subsidios a la energía con la suba abrupta, desprolija y torpe de las tarifas de gas, luz y transportes. Enorme costo político y muy pobre beneficio fiscal. En el aumento de tarifas no existió el “gradualismo”.

Hizo un blanqueo de 117 mil millones de dólares en 2016 cuyos beneficios no se sintieron. La recaudación extra fue de 100 mil millones de pesos, que fueron a parar a mayor gasto previsional. Cuando el desequilibrio fiscal era una bola de nieve, Macri anunció una reducción de 1000 cargos, que antes había creado. También luego debió reducir ministerios de 20 a 10, y debió dar señales de echar a familiares directos de funcionarios. Todas medidas que implicaban un reconocimiento de decisiones erróneas.

Desde el comienzo de su mandato, Macri renunció al control de precios por un prejuicio ideológico. Pese a devaluar el peso un 50% al asumir confió en que los formadores de precios no iban a aumentarlos porque, tal como dicen los manuales, ese fenómeno era sólo una cuestión de oferta y demanda. Los empresarios le fallaron en precios y en inversiones. En 2016 los precios se dispararon. Por las expectativas inflacionarias, los empresarios no dejaron de remarcar “por las dudas”. Y no generaron inversiones por la falta de competitividad, la presión tributaria por el elevado gasto fiscal, los costos laborales, la falta de crédito y las tasas por las nubes.

La promesa de “pobreza cero” se fue desvaneciendo con las sucesivas crisis. Y la de “unir a los argentinos” comenzó a chocar con la necesidad de agigantar la grieta para polarizar contra Cristina Kirchner. La tercera, la lucha contra el narcotráfico, tuvo algunos logros, pero aún queda camino por recorrer. La pobreza creció y la grieta se reabrió. Ambas, fortalecieron al peronismo. El 26 de septiembre de 2016, Macri pidió que se lo juzgara en el futuro por sus resultados frente a la pobreza. Ayer fue el futuro: rindió el examen y resultó desaprobado por 8 puntos.

Macri sólo buscó aplacar la inflación vía enfriamiento de la economía mediante la política de aspirar los pesos con las tasas inalcanzables de las Lebac y las Leliq. Sin consumo, sin actividad económica y sin inversiones, no hubo ingresos. Sólo estancamiento con inflación, endeudamiento y déficit. Sabía en febrero de 2018 que la economía pendía de un hilo y que una suba de la tasa de la Reserva Federal de los Estados Unidos podría generar un vendaval que dejara a la Argentina sin crédito externo y frente a una corrida contra el peso. Apostó a que no sucediera. Pero ocurrió.

Se colocó deuda –U$S 9000 millones- en diciembre de 2017 para cubrir el año por si arreciaba la crisis. Y arreció nomás en abril de 2018. En 2017 Macri estaba convencido de su reelección luego del triunfo de las elecciones de medio término. Obtuvo, igual que ayer, un 41%, pero entonces ganó sólo porque el peronismo estaba dividido en tres: Unidad Ciudadana (los K), Frente Renovador (Sergio Massa) y los peronismos provinciales de los gobernadores. Pero eso no iba a ser para siempre…

Luego de haber sancionado la reforma previsional con un estallido de violencia en el Congreso en diciembre de 2017, sin explicarla previamente con una estrategia comunicacional adecuada, el Presidente dedicó el año 2018 a debatir una ley que supuso iba a distraer a la gente de la inminente crisis, lo iba a posicionar en “el mundo” y en los organismos internacionales, y que iba a generarle simpatías con el arco “progresista” que le pedía Duran Barba. Pero en definitiva esa agenda le abrió una enorme grieta en la sociedad y una fisura en su electorado duro: la legalización del aborto y el avance de la ideología de género.

El Congreso perdió casi todo el año con ese debate estéril. No se habló de otra cosa. No hubo medidas ni reformas de peso. Fue un año perdido. Y Macri terminó salpicado por el enojo de los “celestes” propios y de los “verdes” ajenos que no lograron el objetivo. Un negocio político ruinoso. Al final de la película, por la mala praxis económica se le iban a fugar votos a José Luis Espert y a Roberto Lavagna. Por las torpezas políticas, a Juan José Gómez Centurión. Pocos, pero los perdió. Para peor, la “solución” a la crisis en 2018 fue el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el único que podía prestarle dinero al país. Y los acuerdos con el FMI no traen votos. El ajuste no se hizo sobre la política sino sobre los impuestos y sobre las retenciones. Es decir sobre la economía real. Más recesión.

Solo cuando Duran Barba le avisó que perdía votos a jirones por la suba de precios y la escalada del dólar, y el regreso de Massa a un peronismo reunificado era cuestión de horas, Macri instrumentó un control de precios y el plan Ahora 12 -remedos del kirchnerismo- para alentar el consumo. Y cuando fue derrotado en las PASO, se decidió bajar impuestos, hacer un plan contra el hambre, mejorar el salario mínimo, fijar controles cambiarios y a “reperfilar” todas las deudas. Aplicó así las sucesivas recetas recomendadas por Roberto Lavagna durante su campaña. Pero ya era tarde. Las matemáticas, la falta de aliados y el bolsillo no perdonan.

ALBERTO FERNANDEZ GANÓ, PERO DEBERÁ HACER ACUERDOS PARA GOBERNAR

PESE A QUE LAS ENCUESTAS VATICINABAN 20 PUNTOS DE DISTANCIA, LA DIFERENCIA FUE MENOR. EL PRESIDENTE ELECTO DEBERÁ COMPARTIR EL PODER CON CRISTINA Y TENDRÁ UNA BANCADA MAS EXIGUA QUE LA ESPERADA

Por Mariano Obarrio

Se viene un tiempo de acuerdos políticos obligados. El candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, fue elegido presidente en primera vuelta, pero por una diferencia que no resultó tan amplia, sino mucho menor a la que esperaba para ejercer la suma del poder: 48,1 a 40,4%. No existieron los 20 puntos de ventaja que pronosticaban las encuestas. El presidente Mauricio Macri obtuvo casi la misma cantidad de votos que en las legislativas de 2017 (41%), pero en aquel momento pudo ganar porque el peronismo estaba dividido entre Unidad Ciudadana (los K), los peronismos provinciales y el Frente Renovador (Sergio Massa).

Por el recorte de la diferencia de 16 a 7 puntos, desde las PASO hasta ayer, y por la profunda crisis económica, Fernández estará obligado a hacer acuerdos con la oposición y con todos los sectores económicos, políticos y sociales. El 48,1% que obtuvo Fernández fue casi el mismo número que tuvo en las PASO. Casi no creció. Siguió la misma tendencia de la historia del peronismo. Fue poco más que los 45,3% de Cristina en 2007, mucho menos que el 54% de la ex presidenta en 2011, y poco menos que el 49,9 de Carlos Menem en su reelección en 1995.

En las elecciones de medio término de 2017, los diputados del peronismo histórico y el massismo en todas las provincias habían obtenido el 26% a nivel país. Cristina Kirchner (35% en Buenos Aires) y todos sus candidatos de Unidad Ciudadana en las provincias habían tenido el 21% a nivel nacional. La suma fue de 47%, que es casi la cifra que obtuvo ayer Alberto.

Alberto Fernández

Tal como se esperaba, Fernández ganó en forma indiscutida. Pero su victoria resultó menor a la diferencia de 18/20 puntos que pronosticaban la mayoría de las encuestas (52 a 33), que otra vez le erraron por mucho margen: ahora deberá compartir el poder con Cristina Kirchner y sus aliados: el candidato kirchnerista en la provincia, Axel Kicillof, sacó el 52% de los votos. Los principales aliados de Alberto serán los gobernadores del PJ no kirchnerista. Pero si designa a Eduardo De Pedro como ministro del Interior, tendrá con aquellos una intermediación de la ex presidenta, jefa directa de “Wado”.

Con la elección de ayer, Alberto no podrá ensanchar tanto el bloque de diputados y senadores nacionales. El peronismo renovaba 68 bancas y obtuvo 68. No ganó ni perdió. El macrismo puso en juego 47 bancas y ganó 56: es decir, sumó 9. El peronismo tendrá 120 bancas y Juntos por el Cambio 119. En el Senado el peronismo ganó 3 bancas y tendrá 37 y el macrismo no ganó ni perdio y quedará con 29. El Senado ya era del peronismo. Pero allí tendrá un rol fundamental la vicepresidenta electa, Cristina Kirchner, que presidirá la Cámara alta.

Así las cosas, Fernández ganó pero con poder acotado. En cambio, Juntos por el Cambio, si bien cayó derrotado, podría ampliar sus bancas legislativas. Fernández deberá buscar acuerdos con las bancadas de Roberto Lavagna y con el interbloque que conformen los diputados que respondan al macrista díscolo Emilio Monzó, con Sebastián García De Luca a la cabeza. El llamado de Lavagna al presidente electo apenas se confirmó el triunfo de Fernández tiene un valor político: habrá entendimientos entre ambos y no se descartan ofertas de cargos para el lavagnismo.

El primer acuerdo que deberá anudar Fernández será con el propio Macri, que todavía gobernará hasta el 10 de diciembre. El Presidente lo invitó a desayunar hoy y le ofrecerá una transición ordenada y democrática, que el kirchnerismo no le dio a Cambiemos en 2015. Se podría reforzar el cepo cambiario (no se podrán cambiar más de 200 dólares por vía bancaria y 100 en efectivo) y no se descartan más restricciones. Pero deberán definir juntos las medidas con miras a transitar el camino hacia el 10 de diciembre, cuando Macri le traspase el bastón presidencial.

El presidente electo designó una comisión de transición: Mercedes Marcó Del Pont, Ignacio De Mendiguren, Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Guillermo Nielsen. Marcó Del Pont, Kulfas y Todesca son un eje histórico de economistas heterodoxos. Nielsen negociaría la deuda. De Mendiguren hablará de las medidas para la producción. Muchos de ellos podrían ser ministros o desempeñar cargos relevantes. Cristina Kirchner será la vicepresidenta de un Presidente obligado a cerrar acuerdos con todos los sectores. Ella y su hijo Máximo Kirchner serán la clave para los acuerdos en el Parlamento.

Cristina Kirchner

Macri buscará capitalizar su remontada desde las PASO y así quedar como jefe de la oposición. Pero el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta con el 55% en la Ciudad, sin ballotage, lo convierte en el gran ganador de Juntos por el Cambio. Está llamado a ser uno de los grandes líderes de la coalición macrista. Es posible que Larreta quiera imponer a la gobernadora saliente María Eugenia Vidal como presidenta del PRO a nivel nacional. Pero Macri también quiere ese cargo. Esas tensiones se resolverán en los próximos días.

Si bien Macri creció 8 puntos desde las PASO, esa recuperación también obedece al temor generalizado del electorado no peronista al regreso de Cristina Kirchner y de muchos votantes que lo habían abandonado en las PASO por su mala gestión económica y política. No todos los votos que obtuvo Macri son de apoyo incondicional. Una gran parte son producto del espanto más que del amor. Quizás por ello, Juntos por el Cambio la sacó barata en muchos municipios bonaerenses que pudo retener en el conurbano y en la provincia de Buenos Aires: Lanús, Vicente López, Tres de Febrero, La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. Y quizás gracias a ese fenómeno la boleta presidencial de Macri pudo ganar claramente en la Ciudad de Buenos Aires (52,4 a 35,6 de Alberto Fernández), en Córdoba (61,3 a 29,3), en Mendoza (50 a 37,8), en San Luis (45,1 a 41,6), en Santa Fe (43,5 a 42,6) y en Entre Ríos (44,5 a 44,3).

Más allá de la derrota digna, Le queda a Macri un deber de autocrítica. En 2017 pudo comprobar que existían dos peronismos, el K y el anti K, y siempre creyó que permanecerían divididos en forma indefinida. De ese modo, Cristina siempre tendría un techo electoral y eso le garantizaba el triunfo a Cambiemos. Nunca buscó generar acuerdos de gobernabilidad con el peronismo no K para aislar al kirchnerismo. Sólo entabló dialogos con los gobernadores por conflictos puntuales de gestión. Pero la crisis económica lo encontró debilitado, sin aliados, y con un peronismo que sumó fuerzas. Esa suma arrojó el 48% peronista que ayer lo sacó de la Casa Rosada, pese a su remontada de 40,6 puntos, luego de haber sacado 32,3 en las PASO del 11 de agosto. Ahora, el que se quedó con un techo fijo fue el macrismo.

PATRICIA BULLRICH MONTÓ UN MEGAOPERATIVO PARA PREVENIR VIOLENCIA O FRAUDE DURANTE LOS COMICIOS

Mariano Obarrio

El gobierno de Mauricio Macri no quiere que le pase lo mismo que al presidente de Chile, Sebastián Piñera. Por eso montó un fuerte operativo de seguridad para evitar que haya hechos de violencia o de posibles intentos de fraude durante las elecciones presidenciales de mañana. El plan lo dirige la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

El operativo estará acompañando al plan habitual del Comando Electoral, que lideran las Fuerzas Armadas y que está a cargo de justicia electoral bajo la dirección de la Cámara Nacional Electoral.

Para ese objetivo es que Patricia Bullrich envió ayer un mensaje por audio y video por las redes sociales, donde dijo lo siguiente:

“En esta elección estamos haciendo un trabajo enorme para que tanto las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad estén muy atentos cumpliendo la tarea que por la ley electoral tienen.

Macri no quiere seguir la suerte de Piñera

“En cualquier circunstancia que vean una dificultad, no en el tema electoral porque eso depende de los presidentes de mesa, pero que vean alguna agresión, acérquense sin problema que todos los miembros del Comando Electoral ya sean de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad están capacitados. Apóyense en ellos porque son la fuerza legal que en un comicio ayuda a cada uno de los que intervienen en ese comicio”.

El gobierno de Macri detectó posibles activistas que pueden ingresar por la frontera entre Chile y la Argentina. Considera que grupos del Partido Comunista y de sectores de más de 200 organizaciones anarquistas del país vecino podrían intentar ingresar para producir disturbios en las calles.

Esta hipótesis sería más probable si los resultados electorales no satisfacen a cierto sector. En la Casa Rosada aseguran que en la Argentina ya existen activistas radicalizados que podrían querer ejercer la violencia. Pero que es mejor prevenir posibles ingresos de otros grupos que, dicen, podrían estar movilizados por sectores afines al eje bolivariano de América latina, de los países miembros del Grupo Puebla o de las fuerzas políticas de centroizquierda marxista que integran el Foro de San Pablo.

Nicolas Maduro+

En el gobierno de Macri aseguran que Piñera en Chile tuvo problemas de gestión económica, por un lado, y de prevención de inteligencia, por otro. Por lo cual padeció un estallido social con 19 muertos en las calles en la última semana. Por eso el macrismo atinó a tomar fuertes recaudos.

Una de las preocupaciones consiste en que ciertos sectores no acepten el resultado de las elecciones y puedan generar disturbios o conmoción social. Otro escenario que temen en la Casa Rosada es que, ante una derrota de Macri, los sectores opositores quieran generar un clima de inestabilidad para reclamar el adelantamiento de la entrega del traspaso del mando. Ninguna de las dos alternativas será aceptada por el Presidente.

FERNANDEZ PLANIFICA SU AUTONOMÍA, PERO CRISTINA URDIÓ UNA ESTRATEGIA PARA CONDICIONARLO

ALBERTO FERNANDEZ BUSCARÁ FORTALECERSE EN LOS GOBERNADORES, LOS INTENDENTES, LOS LEGISLADORES Y LA CGT. CRISTINA BUSCARA INCIDIR EN SU GESTION POR MEDIO DE WADO DE PEDRO, KICILLOF Y MAXIMO KIRCHNER

Mariano Obarrio

El candidato a presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández, buscó administrar una contradicción incompatible en la campaña: la de demostrar que los peronistas “vuelven mejores” y al mismo tiempo que “Cristina y yo somos lo mismo”. Por un lado, el candidato busca mostrar un perfil “moderado” en la política, la economía y en las formas. Y por otro se enoja hasta la intolerancia con los periodistas cuando le preguntan por la influencia de ella, con la cual el candidato supuestamente se siente absolutamente identificado. Esa misma tensión se producirá, acentuada, si el frente peronista gana las elecciones generales de mañana y accede al poder. Fernández buscará ratificar que su gestión tendrá perfil propio, moderado, mientras que Cristina Kirchner buscará condicionarlo para cambiar radicalmente el modelo.

Tal vez esa contradicción se resuma en una frase de Fernández en su primer debate en Santa Fe: “Tomaré medidas ortodoxas y heterodoxas, pero ninguna perjudicando al trabajador”. Avisó que no se embanderará en el populismo. Pero en el segundo debate fue a fondo contra Macri y lo atacó a la yugular: le dijo que iba a tener que circular por los tribunales de Comodoro Py para responder por 100 causas judiciales, y que lo desafío a que si quería debatir de corrupción hablara de su padre, Franco Macri. Se notó un Alberto radicalizado, que le habló más a Cristina que a los moderados. Un guiño conveniente al Instituto Patria.

Cerca de Fernández aseguran que, si gana mañana, el candidato establecerá y alimentará un sistema de alianzas políticas internas, puramente peronista, para lograr hitos en la gestión que lo fortalezcan. Y así estar en condiciones de distanciarse progresivamente de la radicalización populista del kircherismo más puro. Sus potenciales aliados serán la mayoría de los gobernadores del PJ histórico, y no los más K; el grueso de los intendentes; los diputados y senadores nacionales, y la CGT. El peronismo con poder territorial e institucional.

Apuesta también a un sector del empresariado industrial, hoy representado en el presidente de la UIA, Miguel Acevedo. Además, piensa tender puentes con Consenso Federal para sumar hombres de Roberto Lavagna a su bloque parlamentario y al Gobierno y también le envía señales a Emilio Monzó vía Sergio Massa. Busca ampliar su plataforma.

Monzó, Lavagna, Massa, Graciela Camaño y Diego Bossio

Alberto Fernández conoce bien el poder: es un ex mano derecha del ex presidente Carlos Menem y de su ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, en los años 90. Entonces era Superintendente de Seguros de la Nación. Fue uno de los nexos entre aquel poderoso Cavallo y Néstor Kirchner en épocas en que el ex gobernador de Santa Cruz frecuentaba al padre de la Convertibilidad y gestionaba el giro al exterior de los famosos fondos de Santa Cruz por las regalías de YPF mal liquidadas.

Un poco después en el tiempo, Fernández también fue quien “operó” políticamente para Kirchner su acercamiento a Eduardo Duhalde vía José Pampuro y el posterior desprendimiento entre 2003 y 2005. Cuando Duhalde dejó de ser el jefe político para ser “El Padrino” del viejo “pejotismo” que quería erradicar Néstor. Fernández no es un improvisado en la política. El problema es que Cristina Kirchner lo sabe. Son amigos, sí, pero también supieron pelearse.

“En el peronismo no hay poder bifronte. El peronismo necesita un solo jefe y va a ser Alberto”, dicen algunos amigos de Fernández. Su núcleo duro, los albertistas puros, que irán al gabinete muy probablemente, son: Matías Kulfas, Guillermo Nielsen, Cecilia Todesca, Martin Redrado, Gustavo Beliz, Marcela Losardo, Nicolás Trotta, Santiago Cafiero, Enrique Albistur, Alberto Iribarne, Jorge Arguello, Felipe Solá, Miguel Pesce y Eduardo Valdes, entre otros.

Cristina Kirchner no le discutirá, en principio, a Fernández, los grandes nombres del gabinete. Aunque tampoco se quedará en su casa tejiendo escarpines para sus nietos y mirando como su ex jefe de Gabinete hace y deshace a su antojo. Las versiones más firmes indican que buscará influir en los nombres de los ministros y también en los nombres de los viceministros y cargos menores, donde se juegan las políticas y los expedientes.

Allí están las mayores amenazas para la autonomía de Fernández. Por ejemplo, si Eduardo “Wado” De Pedro finalmente fuera el ministro del Interior, Cristina y Máximo Kirchner tendrán allí un nombre propio en la vinculación de la Casa Rosada con los gobernadores del PJ. Wado tiene la máxima confianza con Fernández, es cierto. Pero su origen y su lealtad están ligadas a la ex presidenta y a su hijo Máximo. Ha sido históricamente el ideólogo principal de La Campora, aunque la jefatura formal fuera de Andres Larroque y la real fuera la de Máximo Kirchner.

“Wado De Pedro será la herramienta con que Cristina podrá intervenir en la relación con las provincias. Y allí el tema clave es la coparticipación y el giro de los recursos”, señalan en el PJ.

Kicillof, Mariano Recalde, Wado De Pedro y Oscar Parrilli

En la relación con los intendentes, Cristina Kirchner apostará a interceder mediante quien puede ser el futuro gobernador, Axel Kicillof, su ex ministro de Economía. “Axel es Cristina: digitará la coparticipación a los municipios hacia abajo y hacia arriba presionará a Alberto por la devolución total del fondo del conurbano bonaerense. Cristina ‘gobernará’ la provincia de Buenos Aires y desde allí condicionará a Alberto”, dicen en el peronismo. Los albertistas aseguran que el que tiene la lapicera –el Presidente- será el que imponga las reglas del juego. La tensión es de final abierto.

También Cristina Kirchner tendrá manera de interrumpir o de alterar la relación de Fernández con los diputados y senadores del peronismo. Ella misma será, en caso de ganar ambos mañana, la vicepresidenta de la Nación y presidenta del Senado, con lo cual buscará conducir la Cámara alta con su experiencia de senadora y diputada de varios períodos. Y en Diputados, ella misma tiene a su hijo Máximo como alfil para encolumnar a la mayor cantidad de legisladores posibles, para que las leyes salgan con la impronta más identificada con el kirchnerismo. Nada de hacer concesiones al “modelo” que contradice proyecto nacional y popular, es decir al populismo vernáculo. Desde mañana, cuando las urnas arrojen los números finales, se sabrá cuántos “porotos” tendrá cada uno.

los gobiernos promercado deben contemplar la demanda social para lograr legitimidad de gestion – programa 26 – 10 – 2019

UNAS CUANTAS VERDADES

Primera hora

https://ar.radiocut.fm/audiocut/1era-hora-unas-cuantas-verdades-en-cultura979-9480/

Segunda hora

https://radiocut.fm/audiocut/2da-hora-unas-cuantas-verdades-253/

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LOS MEJORES MOMENTOS


LUIS PALMA CANE, ECONOMISTA

https://ar.radiocut.fm/audiocut/luis-palma-cane-economista-en-cultura979/

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EDUARDO SEPULVEDA, DIRECTOR DEL DIARIO EL LIBERO DE CHILE

https://ar.radiocut.fm/audiocut/eduardo-sepulveda-director-del-diario-libero-chile-en-cultura979/

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FUERTES TENSIONES POR EL LIDERAZGO DE “JUNTOS POR EL CAMBIO” PARA DESPUES DE LAS ELECCIONES

TONIFICADO, MACRI QUIERE CONDUCIR LA COALICION. LARRETA PIENSA EN VIDAL COMO PRESIDENTA DEL PRO, PEÑA EN MACRI. PICHETTO CRECE EN INFLUENCIA. LA UCR QUIERE DISPUTARLE ESPACIO AL PRO

Mariano Obarrio

Luego la recuperación anímica y de las marchas del “Sí, se puede”, el presidente Mauricio Macri intentará lograr pasado mañana en las elecciones presidenciales un ballotage contra su adversario del Frente de Todos, Alberto Fernández. Pero si no lo consigue, que es el escenario más probable, buscará que un buen resultado le sirva para revalidar su liderazgo sobre la alianza Juntos por el Cambio, Sin embargo, se podría abrir una tensión interna contra el sector que lideran Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.

Comenzaron los tiempos de disputas sordas en el oficialismo. Un triunfo el domingo ordenaría todo. Pero una derrota podría desencadenar una seguidilla de reacomodamientos. El jefe de gobierno porteño, Rodríguez Larreta, buscará ganar pasado mañana en la primera vuelta y sin ballotage. Sus allegados dicen que si lo logra, y Macri no logra el pasaje para su segunda vuelta, Horacio propondrá que la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, que podría perder la provincia contra Axel Kicillof, se transforme en la presidenta del PRO a nivel nacional.

Se producirá ahí otra colisión contra el jefe del Gabinete, Marcos Peña, luego de las tantas que hubo en los últimos meses. El alter ego de Macri busca que sea el propio Presidente quien pase a encabezar desde abril próximo el liderazgo natural de Juntos por el Cambio y la conducción del PRO para el caso de que no obtenga la reelección. Ese cargo en el PRO lo ocupa hoy Humberto Schiavoni, senador misionero, que responde a Peña.

Frigerio y Monzó

El joven Peña tenía otro candidato para el reemplazo, el legislador Francisco Quintana. Pero esta operación quedó “stand by”. Quintana podría ir al Consejo de la Magistratura porteño o al gobierno nacional si Macri obtiene el “milagro”. La renovación de la conducción del PRO debe ser en abril de 2020, pero los hechos podrían precipitar el recambio.

Si Macri y Vidal vuelven al llano en diciembre –se supone que Larreta retendrá la Ciudad-, la lógica indica que alguno de los dos debería presidir el partido. Todavía Macri no confirmó a ciencia cierta si quiere o no la presidencia del PRO. No lo hará porque su objetivo es la reelección. El deseo de Peña indicaría que en caso de dejar la Casa Rosada Macri buscaría ese liderazgo partidario. En caso de que diga que sí, Larreta y Vidal le concederían la conducción formal.

Algunas palabras del cierre de campaña ilustran la tensión del momento. Macri dijo ayer en Córdoba: “El Gato nunca se va a ir”. Vidal en el estadio de Platense puso una escenografía roja con la frase “Ahora nosotros”. El conflicto pone en evidencia las tensiones que existen entre el núcleo duro de Macri, que componen Peña, Fernando De Andreis y José Torello, y el ala más política, hoy liderada por Rodríguez Larreta, el histórico padrino político de María Eugenia Vidal. Si bien es cierto que todos forman parte del “equipo”, los proyectos de cada uno se bifurcan.

El candidato a vicepresidente, Miguel Pichetto, está llamado a crecer en su injerencia en el macrismo. Su relación es con Macri, a ciegas. Sin embargo, sus allegados consideran que Macri debería “retirarse” a un segundo plano. Un gobierno de Alberto Fernández –si gana en las elecciones de pasado mañana, claro- buscaría poner blanco sobre negro todos los errores del gobierno macrista y activar más de 100 causas judiciales contra el líder de Cambiemos, como anticipó el candidato en el último debate.

Miguel Pichetto

“Macri será para Alberto lo que Cristina fue para Macri, el blanco obligado para polarizar y para demonizar”, dicen interlocutores de Pichetto. El Presidente piensa lo contrario y ahora no piensa en un exilio dorado: su protagonismo político, cree, le daría la fuerza para resistir los embates judiciales que planea el Instituto Patria. Se siente tonificado, con fuerzas, para pelear. Las marchas del “Sí, se puede” le devolvieron el alma.

Este es uno de los debates subyacentes en Cambiemos. Desde la perspectiva de Horacio Rodríguez Larreta, la presidencia de Vidal en el PRO le permitiría al jefe de gobierno porteño comenzar a preparar su campaña presidencial con miras a 2023. Desde niño, Larreta quiere ser presidente. Vidal buscaría ser candidata en 2021 en la provincia de Buenos Aires. Parece un siglo, pero todo se programa de antemano.

En Cambiemos descuentan que las dificultades internas que tendrá Alberto Fernández, más la situación económica de por sí difícil, desgastarán al eventual gobierno peronista, si le toca gobernar. Macri sabe que recibió una herencia maldita y que deja otra tal vez peor.

Una incógnita es el futuro de Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, si Macri no obtiene la reelección. Sus allegados dicen que seguirá alineado con Macri. Pero tiene un lazo abierto con Emilio Monzó, el presidente de la Cámara de Diputados. Monzó está enfrentado a Peña y a Vidal, por motivos diversos, aunque mantiene la línea intacta con Larreta.

Monzó podría formar un bloque de diputados, liderado por Sebastián García de Luca, el viceministro de Frigerio, que tendría buenas relaciones con el Frente de Todos y con Juntos por el Cambio. Discutirían ley por ley. Tienen también excelente relación con Consenso Federal, el frente que postula a Roberto Lavagna para presidente y a su hijo, Marco, para diputado. Es fácil entrever allí un sistema de alianzas que garanticen la gobernabilidad del futuro gobierno, sea de Fernández o de Macri.

Mientras que Pichetto asciende en el esquema macrista, algunos auguran un declive de Elisa Carrió, golpeada por sus enfrentamientos con Frigerio y con Monzó. Pero la líder de la Coalición Cívica sostendrá firme su alianza con Macri y con Peña. Y delega el partido a la conducción del porteño Maximiliano Ferraro, que está alineado a Rodríguez Larreta.

También existen tensiones en el radicalismo. En diciembre debe renovar la conducción el comité nacional de la UCR. El actual presidente, Alfredo Cornejo, pasará de la gobernación de Mendoza a la banca de diputado. Quiere sucederlo el mandatario de Jujuy, Gerardo Morales. Pero un grupo de radicales impulsan la postulación de Enrique “Coti” Nosiglia.

El “Coti” Nosiglia

Sostienen que la presidencia del partido no debe estar representada en el próximo turno por un gobernador con responsabilidad de gestión. Y menos si Alberto Fernández se transforma en el presidente. No quieren mezclar la gestión de los asuntos de una provincia con el rumbo del partido. Quieren escaparle al látigo y la billetera del kirchnerismo.  

En lo que coinciden todos los radicales es en que, si se confirma la derrota de Cambiemos pasado mañana, Macri o Vidal ya no serán líderes indiscutidos de Juntos por el Cambio. Otra cosa será si hubiera “milagro”. Pero de no haberlo, la alianza deberá que escuchar al radicalismo como un primus inter pares. Bastantes errores cometieron Macri, Vidal y “el mejor equipo en los 50 años” como para dejar a todos en manos de una sucesión peronista y encima rendirles pleitesía.

PICHETTO: “ESTÁN ENSOBERBECIDOS, DICEN IMBECILIDADES… SE DIERON TODOS LOS GUSTOS” pROGRAMA 19 – 10 -2019

UNAS CUANTAS VERDADES

Primera hora

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Segunda hora

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LOS MEJORES MOMENTOS

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MARIANO OBARRIO, APERTURA DEL PROGRAMA

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MIGUEL ANGEL PICHETTO, CANDIDATO A VICEPRESIDENTE JUNTOS POR EL CAMBIO

https://radiocut.fm/audiocut/miguel-angel-pichetto-candidato-a-presidente-juntos-por-cambio-en-cultura979/

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PABLO TONELLI, DIPUTADO JUNTOS POR EL CAMBIO

https://radiocut.fm/audiocut/pablo-tonelli-diputado-del-pro-en-cultura979/

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ROSENDO FRAGA, ANALISTA POLITICO

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JORGE LANDAU, APODERADO DEL PJ-FRENTE DE TODOS

https://radiocut.fm/audiocut/jorge-landau-apoderado-del-pj-2/

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