Macri la sacó barata, defendió bien la gestión; fernández, el mas agresivo, y lavagna habló más de economía

MARIANO OBARRIO

Cada uno se llevó lo que fue a buscar. El presidente Mauricio Macri salió mejor parado del debate presidencial de Santa Fe de lo que esperaba, y si se lo compara con las expectativas previas: pudo haber sufrido una paliza de cinco adversarios y terminó más aplomado y en una función explicativa de su gestión. Si lo que buscaba era sacarla barata, lo logró. Si quería poner en evidencia a sus adversario, se quedó corto. Pese a que no fue convincente para justificar la crisis económica, y menos en las propuestas a futuro, ni en sus soluciones, defendió bien los puntos que considera fuertes del gobierno, como la política exterior, la educación, los derechos humanos y la igualdad de género, y hasta se permitió tocar a su adversario Alberto Fernández en dos puntos sensibles: haber propuesto “subir los impuestos”, refrescar la memoria de los independientes con el “dedito, la canchereada y el atril”, e ironizar que Axel Kicillof “propondría una narcocapacitación”.

Por su parte, Alberto Fernández fue el más agresivo, tal como lo pide su público K, y buscó desde el comienzo poner contra las cuerdas a Macri, acusándolo de “mentir”, de “no entender la realidad” y “no saber en qué país vive”, atacándolo por flancos previsibles: pobreza, inflación y deuda. Le enrostró falsear los números y haber bajado el presupuesto en áreas sensibles. Si es por definir a su rival y atacarlo, el candidato del Frente de Todos ganó en ese aspecto, aunque muchas veces la agresividad no garantiza contundencia. Si es por seducir a los enojados, lo logró. Si la idea era atraer a los moderados es posible que haya reprobado el examen.

Roberto Lavagna tuvo un tono monocorde: lo suyo no es el show ni el combate verbal cuerpo a cuerpo. Con su habitual parsimonia y hablar pausado, el exministro de Economía fue el más concreto en la economía. Si bien no abundó en las precisiones de las medidas, porque el tiempo no lo permitía, fue el que marcó un eje del rumbo de su propuesta de gobierno con mayor solidez. Mostró sensatez y sentido común. Y se mostró sensible con el hambre, al incluirlo en los derechos humanos que no se contemplan. Podría decirse que cada uno de los tres principales candidatos ganó en la pelea que había ido a dar.

ECONOMIA

El exministro de Economía de Eduardo Duhalde señaló que su propuesta iba por el lado de defender el consumo, recuperar el ingreso de la gente, bajar los impuestos, mejorar la productividad y cerrar la brecha entre lo que “somos y lo que podemos ser”. Fue el único candidato que incluyó el “hambre”, un derivado de la crisis económica, en el segmento de los derechos humanos y tuvo la habilidad para dejar en evidencia al resto de los candidatos que se sólo ocuparon en ese capítulo para hablar de los años 70, los militares, los terroristas y el pasado. Fernández le reconoció luego a Lavagna que tenía razón.

En lo económico Macri no resultó tan convincente. Se justificó en que el país tiene inflación hace 80 años, pero no explicó por qué no pudo bajarla si era “algo fácil” en 2015. Pidió “ser creíbles” pese a que todos sus pronósticos desde entonces (inflación, pobreza, crecimiento, inversiones) no se cumplieron. Reclamó “lograr consensos y acuerdos” para una “economía estable”, pese a que nunca aceptó en estos cuatro años un diálogo social cuando se le propuso convocar a un pacto económico-social con otros sectores y otras fuerzas políticas. Sólo fue realista cuando reconoció un gran esfuerzo en la clase media en estos años y dijo que éste “no fue en vano”. Y convocó a “seguir bajando impuestos” pese a que los subió tras su acuerdo de ajuste fiscal con el FMI.

Prometió la etapa de “crecimiento y alivio para la clase media”, pero no dijo cómo. Y tuvo el acierto de señalar que “le preocupa que otros quieran subir impuestos”, un dardo dirigido a Fernández que en los días anteriores había prometido subir bienes personales. Pero no lo nombró, se quedó a mitad de camino, y el candidato del Frente de Todos no se hizo cargo de la sutil referencia.

Alberto Fernández arrancó el segmento económico con un ataque a Macri. Dijo que su receta para bajar la inflación era “atacar el consumo”, bajar el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones. Le “informó” que va a dejar cinco millones más de pobres en diciembre y lo acusó de agrandar la deuda del 38% del PBI al 100%. Propuso que el “consumo vuelva a funcionar”, reactivar “las exportaciones porque necesitamos dólares” y propuso un pacto económico y social. Fue agresivo contra Macri. Buscó capitalizar el voto de los sectores más enojados con el Gobierno. Pero en el capítulo económico no fue del todo preciso.

Macri contestó que 2 de cada 3 pesos de la deuda eran para pagar deuda del gobierno anterior, devolviendo gentilezas. Fernández, que lució sobrador y demasiado mordaz, lo cruzó con un “entérese, no sé en qué país vive” porque de 39 mil millones de dólares que prestó el FMI 30 mil millones se fugaron al exterior. Fernández dijo que combinará “algunas decisiones ortodoxas y otras heterodoxas” pero “nunca contra los trabajadores”. De ese modo, abrió el paraguas, se curó en salud frente a los K y le envió un mensaje amigable a los economistas ortodoxos. Pero no pudo impedir un flanco abierto: Macri tuvo su segundo acierto cundo dijo que “Alberto Fernández dijo que Cristina Kirchner destruyó la economía”, en referencia a las críticas de éste contra su actual candidata a vicepresidenta.

Lavagna prometió crecer 4% por año y dijo que “la importancia es del consumo y de la inversión”. Suele decir que los kirchneristas se ocupan del consumo y no de la inversión y los macristas a la inversa. De ese modo se salió de la disputa entre ambos, con un tono de profesor de economía. Buscó ocupar el papel de un estadista equilibrado y sabió, con experiencia previa, pero muchos lo interpretaron como un discurso “aburrido y monocorde”.

El otro economista, José Luis Espert, pidió terminar con “la corporación política” que insume el mayor gasto al Estado, bajar impuestos, costos laborales, y dijo que hay 5 millones de trabajadores en negro. Pidió privilegiar las exportaciones a todo el mundo porque dijo que el Mercosur no sirvió. Si bien fue contundente en su exposición, quedó corto en el listado de propuestas que se podían esperar de él.

El militar retirado y ex funcionario macrista Juan José Gómez Centurión, asesorado por el economista Agustín Monteverde, propuso “achicar el gasto fiscal”, el Estado, pasar “de 173 a 20” impuestos nacionales, “bajar bienes personales, eliminar ingresos brutos y retenciones confiscatorias”, pero no pudo seguir porque se le terminó el tiempo, como en toda la noche. Le faltó capacidad de síntesis y se lo notaba nervioso, queriendo meter palabras en el poco tiempo que tenían por reglamento. En su tiempo complementario propuso un plan de primer empleo para jóvenes y se volvió a exceder en el tiempo de uso de la palabra.

El representante de la izquierda radicalizada, Nicolás del Caño, previsible, criticó la pobreza, los tarifazos, la deuda, la fuga de capitales, la situación de los jubilados y pidió una banca estatal. También aseguró que los kirchneristas fueron cómplices de votar todas las leyes que pidió el gobierno de Macri. Buscó meter al gobierno y a los K en la misma bolsa, en un intento de capitalizar votos kirchneristas asustados por la moderación de Fernández.

RELACIONES INTERNACIONALES

Alberto Fernández propuso “potenciar el Mercosur”, reivindicar la soberanía sobre las “Islas Malvinas” y dijo que “no lo asusta la apertura” económica pero “siempre que no se lleve puesta a la Argentina”. En su tono agresivo, Fernández le dijo a Macri que “no alcanza con sacarse fotos y con el G-20” para buscar negocios y dijo que “no vinieron las inversiones” en siete “semestres”.  Allí metió la daga en la peor frustración del macrismo: la falta de inversiones, que fue su apuesta central en 2015.

Macri fue el último en hablar sobre este tema. Se sintió a sus anchas en política exterior, al condenar al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, a sabiendas que Fernández tiene la lupa del kirchnerismo sobre este tema; recordó que visitó y lo visitaron todos los líderes del mundo, incluso que organizó el G-20, que reflotó el Mercosur, recuperó las relaciones con Paraguay y Uruguay, abrió 200 nuevos mercados al mundo y que con el acuerdo Unión Europea-Mercosur se abre un mercado de 500 millones de consumidores. El Presidente recordó que Cristina Kirchner condecoró a Maduro y que él reconoció a Juan Guaidó, líder de la resistencia venezolana, como presidente de ese país, Conminó a Fernández a decir si Venezuela era o no era una dictadura.

Lavagna ratificó la soberanía sobre Malvinas, abogó por “una política exterior sin sumisión ni verborragia”, pidió reglas de juego claras para el comercio y dijo que el Mercosur es un proyecto estratégico. Puso en duda el acuerdo del bloque con la Unión Europea si perjudica a sectores locales. Y descartó que se hayan aumentado exportaciones, excepto en la industria del conocimiento gracias a una ley de su gestión en 2004, cuya autoría se arrogó.

Del Caño reclamó apoyar a los “hermanos de Ecuador” contra Macri que salió “a apoyar a Lenin Moreno” y dijo que “el capitalismo no va más”. Se lo notaba inseguro y hablando de memoria. Pidió un minuto de silencio para los muertos en Ecuador y dejó pasar su tiempo.

Gómez Centurion, nervioso y falto de timing, reclamó la protección de los derechos sobre la Antártida y las Malvinas, defendió un modelo de Defensa para sostener la política internacional, criticó la desinversión militar y propuso comerciar “con todo el mundo”. Criticó al kirchnerismo por dejar instalar una base militar China y también, otra vez, se le terminó el tiempo.

Espert dijo que el Mercosur fue un fracaso y pidió abrir el comercio con el mundo, pidió una “manera realista de defender las Malvinas” equiparando el nivel de vida argentino al de los isleños para negociar con ellos, y desafió a Fernández a que dijera que en Venezuela hay una dictadura.

Acorralado por Macri y por Espert a definirse por Venezuela, Alberto Fernández dijo que su postura era que la crisis la deben resolver los venezolanos y condenó cualquier intervención militar en Caracas. En ese sentido, sacó de la galera una advertencia para Macri y lo conminó a no enviar tropas. “Que ningún solado argentino pise suelo venezolano”, lo desafió. Fernández no está de acuerdo con el régimen de Maduro, pero no puede abiertamente reconocerlo porque su base electoral kirchnerista, la más ideologizada, adhiere a la tesis bolivariana y chavista.

DERECHOS HUMANOS Y IGUALDAD DE GENERO

Lavagna señaló que “si hay un derecho humano violado en la argentina es el hambre” para 50% de los menores. Recordó que propuso un plan de emergencia alimentaria luego de las PASO que luego fue sancionado en el Congreso y también evitó referirse al aborto. Si bien está en contra, tiene aliados que son favorables a la despenalización del aborto, por lo cual prefirió no entrar en ese terreno. Nadie lo acompañó en tratar el hambre como un derecho humano y Lavagna sacó provecho luego de ello.

Precisamente, Centurion dijo que el primer derecho humano es “la vida” y se opuso “a la ley del aborto” y a los “protocolos”. Criticó que se les haya pagado 2000 millones de pesos a los terroristas y no se indemnice a las víctimas de la subversión de los 70. Y le preguntó a Macri si el pensaba que había que llevar a los líderes del mundo al Parque de la Memoria o hacer homenajes como los que hizo la semana última a los ex conscriptos militares caídos en Formosa en un ataque Montonero en 1975. Buscó marcar la contradicción de Macri sobre este punto.

Espert se preguntó si eran derechos humanos los de Venezuela o los de China de Mao Tse Tung y criticó a los organismos de derechos humanos. Criticó las prisiones preventivas de militares sin condena por la violencia de los años 70, pidió juzgar a los terroristas de aquella época, y dijo que está a favor de la Educación Sexual Integral pero que “no degenere en ideología de género”. Eludió hablar del aborto. También criticó a Fernández por “agregar un ministerio más al gabinete y aumentar el gasto”.

Macri puso de relieve que en la Argentina “se vive en libertad”, hizo un acto de reafirmación de la “pluralidad” y defendió “los derechos humanos de todos”. Señaló que “hay grupos relegados y desigualdad entre varones y mujeres”, subrayó el “plan contra la violencia de género”, dijo que “mejoró el sistema de denuncias”, se propuso “terminar con los femicidios” y dijo que incluyó el tema en la currícula educativa. También dijo que su gobierno se propuso apoyar a las víctimas de los delitos ciudadanos, que antes estaban en un franco “abandono”.

Fernández criticó que para sus antecesores en la palabra “el genocidio no existió” y señaló que el gobierno de los K “dejaron el tema en manos de los jueces”. Señaló que “el colectivo feminista irrumpió” y que que apoyarlo para lo cual “hay que cambiar leyes”. Criticó a Macri porque “solo ejecutó el 10% del Presupuesto” del área y anunció: “Vamos a crear el Ministerio de la Mujer, la Igualdad y la Diversidad”.

Del Caño apoyó el aborto legal y dijo “será ley” mostrando su pañuelo verde en su muñeca izquierda, reclamó la ESI con igualdad de género y exigió la separación de la Iglesia del Estado. Fernández entonces apoyó el aborto, al que antes no había mencionado. Centurión volvió a condenarlo. Y criticó a Macri por haber defendido “las dos vidas” mientras que el “Estado reparte Misoprostol como caramelos” y a Fernández por criticar la “corrupción y tener en su fórmula a una ex presidenta procesada”. Y cuando estaba tratando de enhebrar otra contradicción… una vez más se le terminó el tiempo.

Lavagna irrumpió para poner en evidencia que “nadie parece interesado en la violación de derechos que significa el hambre para el 50% de jóvenes”. Y dijo que “le llamaba la atención”. Fue entonces que Alberto Fernández le dio la derecha. “Lo que dice Lavagna es cierto sobre el hambre”, dijo el candidato del peronismo.

EDUCACION Y SALUD

Macri aseguró que promueve una revolución tecnológica, pero que el punto de partida fue un pésimo resultado en los “exámenes aprender”, que se habían instituido nuevas técnicas educativas en lengua, matemática, con buenos resultados, para cinco millones de alumnos, con robótica y programación. Que se propone llevar inglés e internet a las escuelas rurales. No habló de la salud, excepto para elogiar al PAMI con un nuevo sistema de comunicación por “celular” para los jubilados. Y dijo que el presupuesto aumentó para la educación, mientras que el Frente de Todos ocultaba las estadísticas durante el gobierno de Cristina Kirchner. También dijo que Kicillof podría proponer una “narcocapacitación”. El ex ministro de Cristina Kirchner había dicho que los desocupados en la provincia de Buenos Aires se dedican a vender droga.

Fernández exclamó: “Ay, Presidente, los abuelos no tienen celulares”. Y dijo que el Gobierno bajó “23% el Presupuesto en salud”. Acusó que “no le interesa a Macri la salud y la educación” y les propuso a sus competidores más conservadores y liberales irónicamente “que lean a Alberdi y Sarmiento”. Nuevamente acusó de mentir a Macri porque dijo que el presupuesto educativo cayó un 40% y en ciencia y tecnología un 45%. Dijo que su gobierno la prestará mucha atención a la educación, la ciencia y la tecnología. “Explíqueme Macri porque usted trató tan mal a los científicos”, le recriminó al Presidente.

Espert reivindicó la figura de Sarmiento y prometió “evitar el derecho de huelga docente” y dijo “Basta de paros Baradel”, propuso “relanzar las escuelas técnicas”, reclamó imponer el “arancelamiento” en las universidades públicas, restituir el examen de ingreso en esas casas de estudios, y “becar a los chicos con mejores notas”. También pidió “sacarles las obras sociales a los sindicatos, algo que no ocurre en ningún país del mundo”. Allí se paró bien del lado de la derecha económica, focalizando en su público.

Lavagna se pronunció por una salud preventiva y señaló que la educación supo ser un ejemplo en el mundo cuando estaba centralizada en la Nación. Por eso propuso retornar a una educación única para todo el país con la cooperación con todas las provincias. Cuando habló del financiamiento y los impedimentos que acusan los gobiernos dijo “una sugerencia: cómo se financia el aumento de la tasa de interés del Banco Central, que también es un gasto”.

Fiel a su agresividad de hombre de izquierda, Del Caño aseguró que Macri es un “enemigo de la educación pública”. Y también criticó a Fernández porque dijo que en Chubut, el gobernador Mariano Arcioni “no les paga los sueldos a los docentes” y “es del Frente de Todos, aliado de Sergio Massa”. Esa bala entró en Fernández.

Centurión opinó que “la salud y la educación es el paradigma del Estado fallido”, propuso crear escuelas técnicas de oficios, restaurar la escuela pública y dijo que éstas son “rehenes de las mafias sindicales”. Dijo que aceptaba la Educación Sexual Integral “para la prevención del embarazo no deseado y de las enfermedades, sin perspectiva de género”. También reivindicó la idea de proteger a los más débiles y, cuando por segunda vez empezó a criticar a Macri y a Fernández, con el “misoprostol como caramelos o una vicepresidenta procesada”, otra vez, se le terminó el tiempo.

MINUTO LIBRE

En el minuto final, Macri aprovechó los ataques de Fernández para recordar al electorado independiente que “volvió el dedito acusador, la canchererada y el atril”, aseguró que el krichnerismo “no cambió” y dijo que “depende de nosotros mismos” no “volver al pasado” que “no nos va a ayudar”. Pidió seguir en la senda de “la vuelta al mundo, con más educación y más infraestructura”, porque según dijo de ese modo las bases están dadas para comenzar el crecimiento. Una cuestión de fé: porque no dijo cómo.

Fernández contraatacó y dijo irónicamente: “…2000 puntos de riesgo país y hemos vuelto al mundo”. Criticó y recordó el aumento de la pobreza, de la deuda, y señaló que “yo estoy seguro de que podemos cambiar la Argentina y darle trabajo a todos”. No le faltaba más, había atacado a su principal rival con ferocidad.

Lavagna señalo que “el futuro será mejor pero no con marketing y discursos vacíos”. Y pidió “asumir los fracasos” de “la clase política entera”. Pareció desperdiciar su minuto final. Más allá de la claridad en el rumbo económico, le faltaron frases punzantes o contundentes, que puedan conmover en las emociones del elector que puede estar disconforme con el macrismo y el kirchnerismo.

Centurión señalo que el “fracaso no es económico sino político por el abandono de los valores” y aseguró que “el primer valor es la vida del niño por nacer, de esa vida inocente y precaria”. En este sentido, la palabra “indefensa” hubiera sido mejor que “precaria”, tratándose de valorizar la vida de los seres humanos por nacer. Espert habló de la “emoción” de cerrar el debate y Del Caño reiteró las reivindicaciones que había hecho en intervenciones anteriores.