ALBERTO FERNANDEZ GANÓ, PERO DEBERÁ HACER ACUERDOS PARA GOBERNAR

PESE A QUE LAS ENCUESTAS VATICINABAN 20 PUNTOS DE DISTANCIA, LA DIFERENCIA FUE MENOR. EL PRESIDENTE ELECTO DEBERÁ COMPARTIR EL PODER CON CRISTINA Y TENDRÁ UNA BANCADA MAS EXIGUA QUE LA ESPERADA

Por Mariano Obarrio

Se viene un tiempo de acuerdos políticos obligados. El candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, fue elegido presidente en primera vuelta, pero por una diferencia que no resultó tan amplia, sino mucho menor a la que esperaba para ejercer la suma del poder: 48,1 a 40,4%. No existieron los 20 puntos de ventaja que pronosticaban las encuestas. El presidente Mauricio Macri obtuvo casi la misma cantidad de votos que en las legislativas de 2017 (41%), pero en aquel momento pudo ganar porque el peronismo estaba dividido entre Unidad Ciudadana (los K), los peronismos provinciales y el Frente Renovador (Sergio Massa).

Por el recorte de la diferencia de 16 a 7 puntos, desde las PASO hasta ayer, y por la profunda crisis económica, Fernández estará obligado a hacer acuerdos con la oposición y con todos los sectores económicos, políticos y sociales. El 48,1% que obtuvo Fernández fue casi el mismo número que tuvo en las PASO. Casi no creció. Siguió la misma tendencia de la historia del peronismo. Fue poco más que los 45,3% de Cristina en 2007, mucho menos que el 54% de la ex presidenta en 2011, y poco menos que el 49,9 de Carlos Menem en su reelección en 1995.

En las elecciones de medio término de 2017, los diputados del peronismo histórico y el massismo en todas las provincias habían obtenido el 26% a nivel país. Cristina Kirchner (35% en Buenos Aires) y todos sus candidatos de Unidad Ciudadana en las provincias habían tenido el 21% a nivel nacional. La suma fue de 47%, que es casi la cifra que obtuvo ayer Alberto.

Alberto Fernández

Tal como se esperaba, Fernández ganó en forma indiscutida. Pero su victoria resultó menor a la diferencia de 18/20 puntos que pronosticaban la mayoría de las encuestas (52 a 33), que otra vez le erraron por mucho margen: ahora deberá compartir el poder con Cristina Kirchner y sus aliados: el candidato kirchnerista en la provincia, Axel Kicillof, sacó el 52% de los votos. Los principales aliados de Alberto serán los gobernadores del PJ no kirchnerista. Pero si designa a Eduardo De Pedro como ministro del Interior, tendrá con aquellos una intermediación de la ex presidenta, jefa directa de “Wado”.

Con la elección de ayer, Alberto no podrá ensanchar tanto el bloque de diputados y senadores nacionales. El peronismo renovaba 68 bancas y obtuvo 68. No ganó ni perdió. El macrismo puso en juego 47 bancas y ganó 56: es decir, sumó 9. El peronismo tendrá 120 bancas y Juntos por el Cambio 119. En el Senado el peronismo ganó 3 bancas y tendrá 37 y el macrismo no ganó ni perdio y quedará con 29. El Senado ya era del peronismo. Pero allí tendrá un rol fundamental la vicepresidenta electa, Cristina Kirchner, que presidirá la Cámara alta.

Así las cosas, Fernández ganó pero con poder acotado. En cambio, Juntos por el Cambio, si bien cayó derrotado, podría ampliar sus bancas legislativas. Fernández deberá buscar acuerdos con las bancadas de Roberto Lavagna y con el interbloque que conformen los diputados que respondan al macrista díscolo Emilio Monzó, con Sebastián García De Luca a la cabeza. El llamado de Lavagna al presidente electo apenas se confirmó el triunfo de Fernández tiene un valor político: habrá entendimientos entre ambos y no se descartan ofertas de cargos para el lavagnismo.

El primer acuerdo que deberá anudar Fernández será con el propio Macri, que todavía gobernará hasta el 10 de diciembre. El Presidente lo invitó a desayunar hoy y le ofrecerá una transición ordenada y democrática, que el kirchnerismo no le dio a Cambiemos en 2015. Se podría reforzar el cepo cambiario (no se podrán cambiar más de 200 dólares por vía bancaria y 100 en efectivo) y no se descartan más restricciones. Pero deberán definir juntos las medidas con miras a transitar el camino hacia el 10 de diciembre, cuando Macri le traspase el bastón presidencial.

El presidente electo designó una comisión de transición: Mercedes Marcó Del Pont, Ignacio De Mendiguren, Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Guillermo Nielsen. Marcó Del Pont, Kulfas y Todesca son un eje histórico de economistas heterodoxos. Nielsen negociaría la deuda. De Mendiguren hablará de las medidas para la producción. Muchos de ellos podrían ser ministros o desempeñar cargos relevantes. Cristina Kirchner será la vicepresidenta de un Presidente obligado a cerrar acuerdos con todos los sectores. Ella y su hijo Máximo Kirchner serán la clave para los acuerdos en el Parlamento.

Cristina Kirchner

Macri buscará capitalizar su remontada desde las PASO y así quedar como jefe de la oposición. Pero el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta con el 55% en la Ciudad, sin ballotage, lo convierte en el gran ganador de Juntos por el Cambio. Está llamado a ser uno de los grandes líderes de la coalición macrista. Es posible que Larreta quiera imponer a la gobernadora saliente María Eugenia Vidal como presidenta del PRO a nivel nacional. Pero Macri también quiere ese cargo. Esas tensiones se resolverán en los próximos días.

Si bien Macri creció 8 puntos desde las PASO, esa recuperación también obedece al temor generalizado del electorado no peronista al regreso de Cristina Kirchner y de muchos votantes que lo habían abandonado en las PASO por su mala gestión económica y política. No todos los votos que obtuvo Macri son de apoyo incondicional. Una gran parte son producto del espanto más que del amor. Quizás por ello, Juntos por el Cambio la sacó barata en muchos municipios bonaerenses que pudo retener en el conurbano y en la provincia de Buenos Aires: Lanús, Vicente López, Tres de Febrero, La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. Y quizás gracias a ese fenómeno la boleta presidencial de Macri pudo ganar claramente en la Ciudad de Buenos Aires (52,4 a 35,6 de Alberto Fernández), en Córdoba (61,3 a 29,3), en Mendoza (50 a 37,8), en San Luis (45,1 a 41,6), en Santa Fe (43,5 a 42,6) y en Entre Ríos (44,5 a 44,3).

Más allá de la derrota digna, Le queda a Macri un deber de autocrítica. En 2017 pudo comprobar que existían dos peronismos, el K y el anti K, y siempre creyó que permanecerían divididos en forma indefinida. De ese modo, Cristina siempre tendría un techo electoral y eso le garantizaba el triunfo a Cambiemos. Nunca buscó generar acuerdos de gobernabilidad con el peronismo no K para aislar al kirchnerismo. Sólo entabló dialogos con los gobernadores por conflictos puntuales de gestión. Pero la crisis económica lo encontró debilitado, sin aliados, y con un peronismo que sumó fuerzas. Esa suma arrojó el 48% peronista que ayer lo sacó de la Casa Rosada, pese a su remontada de 40,6 puntos, luego de haber sacado 32,3 en las PASO del 11 de agosto. Ahora, el que se quedó con un techo fijo fue el macrismo.