CRISTINA NO SÓLO CONDICIONA A ALBERTO: LO INVOLUCRÓ Y LO USA COMO ESCUDO HUMANO

SE PODÍA PRESUMIR QUE LA VICEPRESIDENTA ELECTA INTENTARA NOMBRARLE MINISTROS Y DIGITAR POLÍTICAS. PERO NADIE IMAGINO QUE LO IBA A PROPONER COMO INDAGADO EN UNA CAUSA DE CORRUPCION A 8 DIAS DE ASUMIR EL PODER. LOS MENSAJES DETRAS DEL ALEGATO VICEPRESIDENCIAL

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Por Mariano Obarrio

Se podía presumir hace unos meses que Cristina Kirchner iba a intentar influir y manipular a un eventual gobierno de Alberto Fernández: nombrar ministros, vetar otros y digitar políticas. Pero de allí a involucrar durante un juicio oral al presidente electo, 8 días antes de asumir, como potencial indagado en la causa Vialidad era una ficción de mal gusto imposible de predecir y de creer. Pero la estrategia judicial de la vicepresidenta electa, que no era conocida por Alberto, consiste en usar al presidente electo como un escudo humano.

La vicepresidenta electa está dispuesta a todo. Pretendió involucrar a Fernández, a Sergio Massa y a Mauricio Macri y a varios funcionarios en el caso que investiga una supuesta asociación ilícita para direccionar contratos de obra pública en Santa Cruz a la empresa Austral Construcciones, de Lázaro Baez.

Si hubo errores o malos manejos de la administración pública, la ex presidenta tenía instancias de control inferiores. Sus dos jefes de gabinete, por aquellos años, fueron Alberto Fernández y Sergio Massa, hasta 2009, tiempo en que ocurrieron esos hechos.

Cristina les pasó un mensaje a todos. Si bien el involucramiento a Fernández buscó ser presentado como una ironía, que intentaba demostrar por el absurdo que ella no tenía conocimiento de lo que se cocinaba en las oficinas de Vialidad, fue en realidad un mensaje fuerte y claro, sin ninguna inocencia, a las primeras líneas de la política local. Las de ayer y las de hoy.

Si ella resulta condenada en el juicio oral, más culpable debería ser Alberto Fernández que firmaba los expedientes por tener la competencia de la administración de todo el presupuesto de la Nación por su rol de jefe de Gabinete, tal como le confiere la Constitución. “Van a tener un problema porque van a tener que citar al Presidente de la Nación”, dijo la Doctora, presa de su furia defensiva.

Sutilmente, la frase implica que su concepto de la justicia está vinculado a la injerencia del poder sobre ella. Su relato indica que los jueces tendrían un “problema” por tener que citar a un Presidente, algo que en teoría no debería ser un problema en un Estado de derecho donde todos los ciudadanos y más aún los funcionarios públicos están obligados a rendir cuentas de sus actos.

Por lo tanto, un juez que comete la osadía de citar a indagar a un Presidente puede estar en problemas. ¿Cuáles deberían ser los problemas? ¿Represalias, presiones del poder, saber más sobre la verdad de los hechos? No se entiende por qué un magistrado puede tener problemas para intentar esclarecer delitos, si para eso estudiaron y se prepararon los jueces y los fiscales.

Cristina Kirchner puso a Alberto Fernández como un escudo humano, mientras el Presidente entrante está ocupado en definir las medidas y los ministros con los cuales deberá arreglar el país. Si ella tiene culpas, entonces seguramente Alberto debe tenerlas. Si Alberto es inocente, entonces ella también.

De lo contrario, no habría lógica jurídica ni política en la cadena de mandos de aquel gobierno K. Por lo tanto, si Alberto no es culpable, ella tampoco lo será. En otras palabras, el presidente entrante tendrá un interés objetivo en quedar libre de culpa y cargo y por ende en defenderla a ella. La suerte de una quedó atada a la del otro. O se salvan los dos o se hunden los dos.

Las mismas generales de la ley podrían caberle a Sergio Massa. En estos días Cristina vetó a muchos potenciales ministros del massismo: Diego Gorbal, Mirta Tundis, Guillermo Nielsen, Martín Redrado… Tanto que Massa debió reunirse y arreglar los tantos con Máximo Kirchner, el hijo de la Doctora.

También ella, desde el banquillo de los acusados nombró, como si estuviera en una tribuna política de La Matanza, a Angelo Calcaterra, el primo herma no del presidente saliente Mauricio Macri como uno de los involucrados en los casos de corrupción en la obra pública. El mensaje cifrado pero bastante evidente de la Presidenta, a todos los hombres del poder, es “miren que acá nos salvamos o nos caemos todos”.

La otra estrategia es más política. Cristina Kirchner culpó al gobierno de Macri, a los jueces, a los periodistas y a los empresarios de intentar meterla presa por el solo hecho de que ella es una líder popular que beneficia a los trabajadores. Y todos los demás actores, a los que maltrató, representan a intereses corporativos, concentrados, que por definición son contrarios al pueblo. Son el antipueblo.

Todos ellos están confabulados para detener el avance imparable de la popular benefactora de los más desposeídos y lo hacen para perjudicar a estos, por pura perversidad antipopular. En esa argumentación la ex presidenta se cansó de faltarles el respeto a los jueces.

Para ella, son personeros del lawfare y ya tienen la sentencia escrita, carecen de autoridad moral y esa condena en ciernes debe ser deslegitimada desde el juicio popular. Sólo es un instrumento de los poderes conservadores y oligárquicos para impedir todo lo bueno que ella le podría dar al pueblo. Para obstaculizar la felicidad de la gente. En suma, será una sentencia contra los pobres.