ES HORA DE CAMBIAR LA RECETA: EL PERSONALISMO DEBE DAR PASO AL LIDERAZGO DE LOS EQUIPOS Y EL DIALOGO

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Marcos A. Hermansson *

Desde hace ya mucho tiempo venimos ejecutando las mismas recetas. Lo que sorprende verdaderamente es el hecho de esperar otros resultados a partir de las mismas acciones a lo largo del tiempo.
Por supuesto que a la hora de entender y comprender lo que nos aqueja, son muy pocos los que logran interpretar algo tan sencillo como esto.
En ningún orden de la vida el gasto puede superar el ingreso. Un axioma tan simple pareciera ser de muy difícil interpretación.
El “elefante blanco” es alimentado por todos y cada uno de los que cuando llega el momento de administrar, hacen caso omiso de lo que tanto pregonaron en la etapa previa a su llegada al poder.
Una y otra vez esto se ha hecho recurrente a lo largo de las distintas administraciones.
Las grandes transformaciones o los cambios profundos a lo largo de la historia han requerido enormes cuotas de sacrificio y de prodigalidad por el bien común. Esto no puede ser siempre responsabilidad del “otro” y no propia.
Del “poder” devienen más obligaciones que derechos. El “estado” somos todos, por ende, la caja y los recursos de quien administra no le son propios.
A medida que escribo estas líneas, me parece chocar contra la lógica de lo que expreso.
Me repito a mí mismo, “esto es algo elemental”, casi primario a nivel del pensamiento. Cualquiera que tuviese que gobernar se daría cuenta de algo tan sencillo. Sin embargo, ahí radica en gran medida parte de este flagelo que nos coloca en situaciones por demás complejas.
Pareciera que el arribo al poder marcase un divorcio con la manera de administrar nuestros hogares o empresas.
Me he preguntado una y otra vez qué es el poder. En esta pregunta creo que radica gran parte del problema.
El poder se vuelve algo sumamente negativo cuando los criterios de superación personal y de contribución a la sociedad no logran migrar de la persona que ejerce ese poder hacia su propio espacio, que en este caso es lisa y llanamente la función pública.
A partir de esto, los que detentan el poder suelen ser indiferentes al pensamiento de propios y ajenos, mostrando una gran frialdad hacia los sentimientos y las necesidades de los demás.
Esto se ha puesto de manifiesto en muchos dirigentes. Cuando ello sucedió hubo toma de decisiones, erróneas por cierto, a partir de una equívoca lectura de la realidad.
Con todo esto se termina creyendo que los demás son meros instrumentos, ejecutando en consecuencia un rol de exagerado protagonismo.
La sobrevaloración de las propias capacidades hace que la lectura de la realidad sea cada vez más simplista, desinhibiendo la conducta del que ejerce el poder.
Todo esto se transforma con el paso del tiempo en un círculo verdaderamente vicioso.
Para poder desinstalar este mal se deberá trabajar a destajo desde y para las instituciones. El trabajo en equipo es una de las herramientas que pueden colaborar con esa tarea.
En definitiva, un buen dirigente es aquel que aprende a confiar en las personas para que estas le ayuden a ver la realidad tal como es y no como se quiere ver. Asimismo, debe saber escuchar y ser capaz de tomar decisiones apoyado por sus equipos.
En una oportunidad y luego de haber logrado la fusión del MATba y el Rofex, un comunicador me preguntó qué entendía yo por liderazgo. Le dije que liderar es saber elegir y disponer los talentos necesarios para, trabajando en equipo, poder arribar a los objetivos propuestos. Trabajemos pues a conciencia, agregando valor y sabiendo delegar.
Desde lo que logremos poner en funcionamiento entre todos, será desde donde podremos construir ascendentemente un espacio o entidad que nos permita acceder a la mesa de las discusiones y decisiones con peso propio. Nuestro país, el Agro en su conjunto y los que creemos en el bien común, debemos intentarlo.

*Vicepresidente de MATba-Rofex

EL SINDROME DE LOS MALOS COMIENZOS QUE ALBERTO DEBERÍA REVERTIR PARA LOGRAR LA REACTIVACION

SE ESPERABA UN PLAN PARA INCENTIVAR LAS INVERSIONES Y LAS PYMES Y PARA LA GENERACION DE EMPLEO. PERO LAS MEDIDAS DE SUBAS DE RETENCIONES Y DE DOBLE INDEMNIZACIÓN POR DESPIDO GENERARON MALESTAR EN EMPRESARIOS QUE TENIAN EXPECTATIVAS POSITIVAS

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Por Mariano Obarrio

La mala noticia es que Alberto Fernández empezó con el pie izquierdo. La buena noticia es que puede remontarlo. Por decreto, aumentó en forma inconsulta las retenciones al campo y fijó por 180 días la doble indemnización por despido. También por resolución incurrió en una legalización del aborto de hecho, al alterar cuatro leyes, entre ellas el Código Penal. Quizás pueda revertir el mal comienzo en los próximos días con otras medidas positivas.

Tal como prometió en su campaña, se esperaba que Alberto rompiera la inercia del círculo vicioso de Macri con medidas para incentivar la creación de empleo, un paquete de ayuda a las Pymes, y grandes planes para incentivar el consumo y la producción.

Pero las dos primeras medidas económicas podrían derivar en efectos contrarios a los buscados. Mayor recesión y más desincentivos a las inversiones y a la creación de empleo. La medida en favor del aborto puede reabrir la grieta en la sociedad, como en 2018, y en el propio peronismo, además de un conflicto con la Iglesia.

El Presidente había prometido reactivación económica, más empleo, y cerrar la grieta. Por ahora, pese a las buenas expectativas de los mercados y de los empresarios en estos días, hizo lo contrario. Había prometido ir a Mar del Plata y fue para Rosario, como señala Carlos Melconián en su libro sobre el gobierno de Macri.

El Presidente debería aprender de los errores ajenos del pasado. El gobierno de Fernando de la Rúa asumió en 1999 con una profunda recesión con déficit fiscal y una deuda creciente. Y arrancó con la recordada “tablita de Machinea”, que en los hechos significaba un aumento del impuesto a las ganancias. Busca revertir el desequilibrio fiscal pero agravó la caída de la actividad.

En un contexto recesivo, la tablita profundizó la recesión y finalmente el déficit. Terminó con su renuncia en medio de una depresión galopante, en la crisis de 2001 y sin poder hacer frente a la deuda.

José Luis Machinea

El gobierno de Mauricio Macri comenzó en 2015 con una eliminación de las retenciones y reducción de impuestos, levantó el cepo sin tomar recaudos contra la inflación, le pagó a los fondos buitres, colocó deuda en los mercados de capitales y en cambio aumentó el gasto: lo aumentó  en el sistema previsional, en los planes sociales, la obra pública, las transferencias a las provincias y en la planta de empleados públicos.

Creía que habría una lluvia de inversiones. Pero no la hubo y, como dijo Melconián, tomó el camino a Rosario en lugar de ir a Mar del Plata.

Macri y sus consejeros Marcos Peña y Jaime Duran Barba buscaban reactivar la economía con “gradualismo”, sin hacer fuertes recortes en el presupuesto para no agitar la crisis social. Sólo hizo –nada menos- una poda brutal en los subsidios al gas, la energía y el transporte y por ello aumentó las tarifas. Consecuencia: un fallo en contra de la Corte Suprema y un fuerte desgaste político. Sumó desconfianza.

Marcos Peña y Mauricio Macri

Y peor aún: pese a vivir del financiamiento internacional, puso un impuesto a la renta financiera que castigaba a los que le prestaban al Estado. Le mordió la mano al que le daba de comer.

No logró la lluvia de inversiones productivas y agravó la desconfianza de los inversores financieros, profundizó el déficit por la pérdida de ingresos y la suba de gastos. En ese contexto la inflación aumentó, al igual que la recesión y se produjo la crisis cambiaria y fiscal.

El gobierno de Néstor Kirchner tuvo la suerte de heredar en 2003 una economía en crecimiento y tuvo el acierto de retener al ministro de Economía, Roberto Lavagna, por lo cual sólo tuvo que continuar el plan en contexto externo favorable por los precios internacionales y sin mayor suba del gasto. Pero eso ocurrió hasta que Lavagna renunció porque Kirchner buscó afirmarse en el poder y prolongar el proyecto político con más gasto público.

El problema lo heredó Cristina Kirchner, que para revertir la falta de dólares y el creciente desequilibrio fiscal dictó la resolución 125 que aumentó brutalmente las retenciones al agro y generó una parálisis del país en un debate que abrió a la sociedad en dos. No atinó a bajar el gasto, sino a aumentar los ingresos. La 125 fue una obra maestra de su entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, y la principal consecuencia política fue que su jefe de Gabinete, Alberto Fernández, debió renunciar al gobierno peleado con la Doctora.

La economía se fue paralizando y la inflación comenzó a crecer pese a Guillermo Moreno y sus apretadas. Hoy Alberto Fernández es presidente, la Señora vice, y Lousteau es senador opositor. Y es el propio Alberto quien dispone las retenciones. Y otra vez el campo se prepara para una dura batalla. Otra vez la misma piedra.

La crisis del campo en 2008

A partir de aquel episodio del gobierno de Cristina se licuó su legitimidad: luego fue por los fondos de la Anses (2009) y por las reservas del Banco Central (2010) para pagar la deuda, con la única receta de la emisión para cubrir el déficit y generar sensación de bonanza. Asi terminó en 2015 entregándole el poder a Macri.

Alberto Fernández había asumido con una agenda de reactivación económica, generación de empleo e incentivo a las inversiones a través de una política favorable al consumo: poner dinero en el bolsillo de la gente.

Pero el problema fiscal esta ahí, aunque no lo quiera aceptar. El modo de aumentar las retenciones, de manera inconsulta, sin consensos como había prometido, puede asustar a los productores agropecuarios y a otros sectores empresariales ante el temor a una mayor presión tributaria y desincentivar las inversiones y las exportaciones.

La manera en que fijó la doble indemnización por despido –aunque no rija para los nuevos trabajadores- puede desalentar a los empresarios grandes y a las Pymes a contratar nuevos trabajadores y más aún a contratarlos en blanco. Esto lo decía la propia vicepresidenta Cristina Kirchner el 6 de octubre de 2010 cuando era la presidenta de la Nación:

“En marzo me vino a ver la CGT para que sacáramos la doble indemnización por despido y yo les dije que no iba a tomar ninguna de esas medidas. Que discursivamente sonaban muy bien, que iba a estar toda la sociedad de acuerdo, pero iba a tener efectos totalmente opuestos en los objetivos que perseguíamos”.

Cristina Kirchner

“Uno puede tener los mejores objetivos, lo aprendí hace unas cuantas décadas atrás. Uno puede tener las mejores ideas, los mejores objetivos, los mejores sentimientos, pero si se equivoca los instrumentos se va al demonio y el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. ¿Qué dije entonces? No voy a sacar ninguna norma, que lo único que va a hacer va a ser asustar al capital que es lo más asustadizo que hay”.

El Presidente se propuso trabajar para las Pymes. Pero un empresario Pyme, de altos cargos en el nivel gerencial, dijo en estas horas: “No empezaron muy bien. Lo primero era tomar medidas por la positiva, para fomentar el empleo, para el paquete de ayuda a las Pymes, y luego ves: ni la CGT lo pidió ni lo apoyo”.

Quizás la CGT recordó lo que le había dicho la ex presidenta en 2010. Lo bueno es que el Presidente ahora podrá comenzar a tomar medidas para la reactivación, sin matar a la gallina de los huevos de oro: la producción. Siempre es bueno escuchar y corregir el rumbo a tiempo.