Inundaciones: una propuesta para usar la cabeza y no seguir haciendo agua

En materia hidráulica estamos haciendo agua. El problema de las inundaciones es tan importante que no se puede dejar en manos sólo de los políticos. La solución no la tiene Scioli, ni María Eugenia Vidal, ni Felipe Solá, ni Macri ni Massa. De una vez por todas hay que despolitizar un asunto que corresponde a las ciencias y convocar a los mejores expertos en ingeniería hidráulica del país y del mundo.

Tenemos que convocar a las universidades, las instituciones y a los organismos públicos involucrados en la materia. Una vez allí, con presencia de todas las fuerzas políticas, reunidas en un ámbito institucional como puede ser el Congreso, hay que elaborar un Plan Integral para todo el país sobre el manejo del agua.

Esos expertos son nuestro cerebro. Usemos la cabeza. Los politicos serán los brazos ejecutores.

Con ese acuerdo político, un grupo de ingenieros haría los proyectos ejecutivos y se lo aplicaría como política de Estado. Cuanto más urgente es el problema, más pensada debe ser la solución.

Quizás la desgracia de paso a una buena noticia. El agua que sobra en algunas regiones, por precipitaciones, tal vez pueda ser usada en regiones del país en donde hace falta por sequías.

Se podría “almacenar” el excendente para derivar a lugares más áridos y donde hace falta riego artificial. Hay experiencias en el mundo. Todo eso se puede analizar, fuera de las pasiones de la política, y elaborar un plan integral que salve vidas y mejore las regiones y la produccion. Hagamos del defecto una virtud.

Es evidente que el problema no es la siembra directa, ni los countries. En todo caso, ciudades siempre se construyeron en el mundo sobre humedales, la misma Ciudad de Buenos Aires es un ejemplo, y no por eso debe haber inundaciones. El problema es que no se planificó ni se ejecutó un plan de manejo de agua al compás del crecimiento, y tal vez fue un error. No es momento de dramatizar: no nos rasguemos las vestiduras. Solo se necesita, serenamente, revertirlo y dedicarse a ello.

El crecimiento de los barrios es bienvenido porque en la Argentina cada vez somos más. Esos mismos barrios que ahora quieren demonizar dan trabajo a las poblaciones de los lugares. Tantos lugares en el mundo tienen nuevas urbanizaciones y no por eso se viven inundando. No busquemos culpables donde no los hay.

Más positivo es solucionar el problema. La siembra directa es parte de la riqueza de nuestro suelo y de los ingresos de un país agropecuario. Los expertos dicen que ayuda a escurrir y no a impermeabilizar el suelo. No ideologicemos los temas, hablemos con menos pasíón y con más argumentos científicos para organizar la infraestructura y los cursos de agua que nos daran mucha vida como país.

Convoquemos a los mejores. Pongámonos de acuerdo. Y ejecutemos el plan.