Aníbal Fernández: derrotado y rodeado del kirchnerismo puro

LA NACIÓN, lunes 26 de octubre de 2015

El peronismo se dividió para esperar los resultados de las urnas. El candidato a gobernador bonaerense del Frente para la Victoria, Aníbal Fernández, se refugió en el hotel Intercontinental, lejos del Luna Park y de Daniel Scioli, donde la derrota le dio la mayor sorpresa de su vida política: cayó por 39% a 34% de los votos, a manos de María Eugenia Vidal, de Cambiemos.

Fue la noche negra del kirchnerismo. Del Luna Park llegaban noticias de que el sciolismo le colgó a Aníbal Fernández el rótulo de “padre de la derrota” por haber arrastrado hacia abajo al candidato presidencial. En su búnker, el jefe de Gabinete de la presidenta Cristina Kirchner se rodeó del ultrakirchnerismo en pleno, ese que reniega del sciolismo y respaldó a Fernández luego de las denuncias que lo vincularon con el narcotráfico.

Los máximos referentes K subían de a uno al piso 19°, donde Fernández tenía su habitación. Lo hacían sonrientes, seguros de su suerte, y al bajar y salir del ascensor, no podían ocultar sus gestos adustos y caras largas por la evidente derrota.

La sensación de tragedia fue ganando a la plana mayor de La Cámpora, al plantel superior de Fútbol para Todos y a gran parte del sindicalismo kirchnerista y de los aliados y funcionarios de confianza del candidato.

Las presencias en el hotel confirmaron la división evidente entre el sciolismo y el PJ, por un lado, y Aníbal, La Cámpora y el kirchnerismo, por el otro. Desafiando el sinsabor electoral, en la puerta del hotel, sobre la calle Moreno, unos 2000 jóvenes camporistas y de Unidos y Organizados creían en un “triunfo de Aníbal por 5 puntos sobre Vidal” mientras entonaban sus estribillos habituales con bombos y redoblantes.

El aire festivo no se veía dentro del Intercontinental. Ni en el piso 19° ni en el segundo subsuelo, donde funcionarios, familiares, amigos y aliados charlaban entre un nutrido catering, con bebidas y café.

“Está todo mal aquí, hay broncas de todo tipo y nadie entiende nada; es una noche negra”, dijo a LA NACION uno de los que bajó de la habitación que ocupó Fernández.

Consultado por la causa de ese fastidio, explicó:

“Hay mucha confusión porque se perdieron bastiones fuertes: La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Tres de Febrero, ¡Quilmes!”, exclamó la fuente, al señalar el pago chico de Aníbal Fernández.

Los funcionarios más cercanos al candidato a gobernador advirtieron que Fernández no hablaría con la prensa ni daría discursos. Sólo hará hoy su evaluación, en su habitual contacto matutino con los periodistas al llegar a la Casa Rosada.

El búnker del Intercontinental fue cerrado a la prensa. Sólo accedían los funcionarios kirchneristas, familiares, amigos y aliados de Aníbal Fernández, que arribó a las 20.12 con su esposa, Silvina Zabala, secretaria de Gabinete, y subieron a su habitación. Acto seguido llegó Martin Sabbatella, su candidato a vicegobernador. Luego apareció Lucas Gancerain, el secretario de Coordinación Presupuestaria, mano derecha en el manejo administrativo del jefe del Gabinete.

Desde entonces desfilaron figuras que revelaron las alianzas de Fernández: Ricardo Echegaray, Gabriela Cerruti, Víctor Santamaría, Hugo Yasky y la plana mayor de La Cámpora: Andrés Larroque, Juan Cabandié, Eduardo De Pedro, Mariano Recalde y Cecilia Naón. Estos cerraron filas luego de las denuncias contra Aníbal por la efedrina.

Sorprendió la nutrida presencia de periodistas deportivos: Alejandro Apo, Marcelo Araujo, Tití Fernández, Julio Ricardo y el titular de Fútbol para Todos, Pablo Paladino. El “anibalismo puro”.

Del radicalismo K asistieron Leopoldo Moreau y Eduardo Santín. También llegaron ministros, como Axel Kicillof y Débora Giorgi, y viejos amigos, como Rodolfo Gabrielli, María del Carmen Alarcón y María Laura Leguizamón. Hubo sindicalistas, como Roberto Baradel, Ariel Basteiro, Omar Plaini y Carlos Quintana.

Se temió lo peor cuando por los monitores vieron que Scioli hablaba en el Luna Park, con aire derrotado y “discurso de segunda vuelta”. No volaba una mosca. No había euforia ni muestras de alegría.

La “grieta” fue una política de Estado: no fue magia

La famosa grieta no fue magia. El régimen de los Kirchner planteó la división de la sociedad como una de las principales políticas de Estado. El ideólogo de esa estrategia fue el fallecido Ernesto Laclau, un filósofo y politólogo posmarxista y gramsciano que reivindicaba el neopopulismo, que es el sistema que rige en Argentina, Venezuela y Ecuador, por citar algunos casos. El conflicto es la esencia de la democracia y no hay democracia sin conflicto, sin antinomia y sin confrontación. Esta debe llevarse al primer plano y siempre debe haber un enemigo oculto para imponerse sobre él en batallas épicas y concitar el consenso del pueblo.

El verdadero líder de masas debe librar una batalla cultural contra todos los enemigos del pueblo, que son todas las instituciones y sectores “conservadores” que solo buscan frenar el “proceso de transformación”.

La prensa que informa con libertad debe ser desacreditada porque responde a esos poderes económicos ocultos, los empresarios deben ser perseguidos, trabajadores cooptados, los gobernadores disciplinados, los diputados presionados y la Justicia doblegada. La división de la sociedad es el éxito del modelo, el reaseguro de la democracia. La garantía de que, tornándose el líder carismático en el defensor de los intereses del pueblo, los críticos de él serán repelidos en la vida institucional y vapuleados en las urnas.

En efecto, el pintoresco pensador muerto a principios de 2014, que vivía en Londres pero dictaba recetas para los países pobres de América latina, consideraba que el líder de masas es aquel que gana las elecciones y que en ello consiste el único secreto de la democracia. En las urnas, la voluntad del pueblo es inapelable. Y aquellos que pierden deben ser directamente eliminados del sistema de toma de decisiones. La facción domina, con mano dura y de modo sectario. No deben existir las minorías, salvo si quieren sumarse a la “revolución” en contra de los enemigos del pueblo y de la Nacion. La disidencia es inadmisible.

Las voces críticas merecen ser estigmatizadas, descalificadas, humilladas y escrachadas como la oligarquía, la anti-patria y el cipayismo. Son empleados de los poderosos y por lo tanto toda la crítica que hagan del populismo y de su inapelable noción de la distribución y el populismo, será interesada. Porque sólo defienden poderes conspirativos y destituyentes.

Según el finado Laclau y sus acólitos, el Poder Judicial, el Poder Legislativo, la Constitución, la prensa y el empresariado son poderes fácticos, conservadores y funcionales a los grupos de poder económico y a las corporaciones hegemónicas. Toda la crítica de ellos es inválida.

El neopopulismo es el único camino hacia la ampliación de derechos colectivos, para los cuales, si es necesario, se debe pasar por encima de todos esos poderes ocultos y de los derechos individuales como el de la propiedad, la libre circulación la libertad de cambios o de comercio. Para la Laclau, el único factor valedero de la democracia es el respaldo al líder de masas. Las minorías pasan a ser meras amenazas para el triunfo épico del pueblo.

Por eso, es necesaria, para el éxito de esa revolución, una eficaz división de la sociedad en dos bandos: el de ellos y el de nosotros. Hay que garantizar la antinomia, agudizar las contradicciones y el conflicto. La “democratización” de todas las instituciones supone ponerlas al servicio del poder político que gane las elecciones, porque sólo eso es la democracia. No hay República, con división de poderes. Eso es una noción conservadora y enemiga del cambio. La suma del poder público debe ser del líder que obtenga los votos. Sin contrapesos, sin controles, debe ser total.

La política es la confrontación permanente, según la Biblia de Laclau. Las relaciones de poder son binarias. Nosotros o ellos. Pueblo u oligarquía. Nacional o cipayo. Popular o corporativo. El conflicto es la esencia de la democracia porque permite cristalizar e identificar el enemigo común para poder agrupar a todo el que está en frente y reivindica a la Patria.

El presidencialismo debe ser fuerte y las reelecciones deben ser eternas según Laclau, cuya esposa, Chantal Mouffe, escribió En torno a lo político que marcó a fuego a la Presidenta y a su “vamos por todo”. También la revista de Laclau Debates y Combates fue leída en todos los más altos círculos kirchneristas. De su prédica nació la “batalla cultural” que Carlos Zannini le enseño a los revolucionarios jóvenes de La Cámpora, que aprovecharon esa batalla para encubrir su propia corrupción y hacer caja con millares de sueldos de militantes de corazón y de bolsillo empleados en el Estado.

En el maoísmo que reivindica Zannini de los años 60, la Revolución Cultural se utilizó para eliminar a los enemigos internos que amenazaban al régimen comunista chino. Esa “revolución” costó millones de muertos, pero fueron un precio menor del triunfo del pueblo chino.

La batalla cultural de Zannini y Laclau era más modesta, sólo pretendía sacar de la cancha o dividir al Grupo Clarin y desacreditar a los medios de prensa, empresarios, sindicalistas o partidos que se opusieran al régimen. Pero tuvo efectos colaterales funestos: enfrentó a periodistas, a amigos, a familiares, a empresarios, a sindicalistas, a economistas y dirigentes políticos. Instauró la violencia verbal colectiva como costumbre diaria, un coletazo lamentable del discurso agresivo de las cadenas nacionales; convenció a gran parte de la sociedad de que “el otro”, si discrepa conmigo o se cruza en el tránsito, es el enemigo público número uno. Y tuvo la habilidad de hacerlo bajo el lema de que “la Patria es el otro”.

La confrontación, según Laclau, reagrupa a los pueblos identificando un enemigo externo al que hay que combatir. Es batalla permanente. El líder debe apelar siempre a las masas para legitimarse y fundar su acción en contra de ese enemigo. Muchas de las teorías de Laclau y su esposa Mouffe provienen del teórico nazi Carl Schmitt para quien el enemigo externo es una primera necesidad, esencial, en la política. Porque hace a la diferenciación y a la definición del líder. Este se define en cuanto a la diferencia amigo-enemigo.

Y el enemigo es público, sin atenuantes. Pero sin él es imposible la política. Por lo tanto, no se debe tender a moderar las diferencias, ni disimularlas ni a superarlas, sino a ponerlas en un primer plano. Quizás por ello Cristina Kirchner suele comentar que la justificación histórica del régimen nazi fue la respuesta al Tratado de Versalles, que era una humillación inaceptable para la nación alemana y por lo cual se tornaba comprensible esa reacción popular que entronizó a Hitler. La confusión filosófica e histórica de Cristina Kirchner, y sus consecuencias nefastas para la sociedad argentina, hace imprescindible que el próximo turno presidencial eche mucha tierra sobre los libros de Laclau para tapar la grieta.

La grieta, legado del kirchnerismo que el sucesor deberá cerrar. Programa emitido el sábado 17 de octubre de 2015

Programa emitido el sábado 24 de octubre de 2015

Editorial
Mariano Obarrio
Mariano Obarrio, conductor UCV
Mariano Obarrio, conductor UCV

 

Entrevista I 
Federico Casal, abogado de las hijas del fiscal Nisman

Federico Casal, abogado
Federico Casal, abogado

Verdades en la mesa I
Mariano Obarrio y Marina Carbajal

Entrevista II
Alejandro Tullio, Director Nacional Electoral  
Alejandro Tullio, Director Nacional Electoral
Alejandro Tullio, Director Nacional Electoral
 Verdades en la mesa II
Mariano Obarrio y Marina Carbajal
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Entrevista III
Ignacio Rodriguez Varela, abogado
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Escuchá a Mariano Obarrio en Unas Cuantas Verdades los sábados de 10 a 12 en FM Concepto 95.5 (o hace click acá)

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El Gobierno denunció una conspiración regional

LA NACIÓN, sábado 24 de octubre de 2014

El Gobierno generó ayer un insólito escándalo al desistir de participar de una audiencia pública sobre la “Situación de la independencia judicial en la Argentina”, que organizó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, y atribuirles a sus organizadores la voluntad de hacer una “operación político-mediática” para “violar la veda electoral”.

La acusación estuvo a cargo del canciller, Héctor Timerman, y del ministro de Justicia, Julio Alak, que vincularon a un grupo de ONG y asociaciones civiles con una acción conspirativa del Frente Cambiemos, de UNA y de medios considerados “críticos”. El argumento oficial fue que se fijó intencionalmente la fecha de la audiencia para interferir en el clima previo a las elecciones, ya que presumían que habría cuestionamientos a la situación judicial del país.

Sin embargo, la fecha de las audiencias de la CIDH no son elegidas por los demandantes, sino por la Comisión. Con el paso de las horas y al conocerse los reproches de Timerman, la sorpresa en el organismo regional fue en aumento. Lejos de la supuesta “maniobra electoral” de la que habló, la convicción entre quienes siguen la actividad de la CIDH era que, salvo la embestida del ministro, nada de lo sucedido había sido fuera de lo habitual.

Esto es: la cita fue anunciada al mismo tiempo que todas las demás como parte habitual de la ronda de sesiones que, todos los años, el organismo realiza para esta fecha.

Es más, hubo en esta ocasión tres audiencias sobre situación del Poder Judicial en distintos países y es la número veinte que se presenta sobre el tema. No es una cuestión ajena a la trayectoria de la CIDH.

Además, por una rara coincidencia, los promotores de la cita sobre la Argentina no eran entidades desconocidas para la CIDH. Esta vez, la audiencia fue impulsada por la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) y Poder Ciudadano, dos entidades que hace años vienen trabajando por cuestiones institucionales en nuestro país.

Timerman leyó un documento con los lineamientos de la carta enviada a la CIDH. “El Gobierno argentino denuncia que dicha audiencia fue una burda operación político-mediática para interferir en el proceso electoral argentino orquestada por sectores vinculados a la oposición y al Grupo Clarín”, dijo el canciller. “La Argentina ha rechazado la referida convocatoria a esa audiencia por considerarla inaceptable, inadmisible e improcedente”, enfatizó Timerman.

El canciller identificó a las asociaciones civiles que impulsaron la audiencia: Poder Ciudadano, ADC, Unidos por la Justicia y Cippec. Denunció que la diputada de Pro Laura Alonso fue directora de Poder Ciudadano; Germán Garavano, de Unidos por la Justicia, es ex fiscal porteño; que Álvaro Herrero, asesor de Sergio Massa, es miembro de Poder Ciudadano; que Alejandro Carrió, abogado del grupo Clarín, es vicepresidente de ADC, y que Nicolás Ducoté, subsecretario de Asuntos Públicos del Ministerio de Gobierno porteño, es miembro de Cippec.

Alak anunció ayer que el Gobierno hará “una intervención ante la justicia federal con competencia electoral” para investigar los argumentos de la audiencia y si “son de urgencia u obedecen a una planificación para violar desde el exterior la veda electoral” al “impactar negativamente en la opinión pública sobre el accionar del Gobierno”.

El Gobierno había decidido no asistir a la audiencia de ayer en Washington y Timerman envió una durísima carta al director ejecutivo de la CIDH, Emilio Alvarez Icaza Longoria, lo cual causó profundo estupor en la CIDH.

En un gesto sin precedentes, el canciller había pretendido cancelar la audiencia del mayor organismo regional sobre los derechos humanos y posponerla para después de las elecciones presidenciales.

Ello fue interpretado como una verdadera presión. La entidad ignoró el pedido de Timerman y “por acuerdo unánime” de sus miembros, decidió seguir adelante.

“Respetamos a los estados. Pero éste es un organismo que no tiene otro alineamiento que trabajar por los derechos humanos y ésa es una lucha de años. Una que no puede medirse por lo que pasará dentro de 24, 48 o 72 horas y que tampoco puede ser manipulada por intereses electorales”, sostuvo el comisionado y relator Paulo Vanucchi.

Los abogados Torcuato Sozio y Alvaro Herrero, en representación de las entidades convocantes, expusieron en Washington sobre presiones a las que son sometidos jueces en la Argentina, las amenazas a integrantes del Poder Judicial y la virtual “parálisis” del Consejo de la Magistratura, entre otras cuestiones.

También describieron casos de presiones contra jueces que “manejan casos sensibles para el gobierno”, como el caso de Claudio Bonadio, o la “embestida” de la que fue objeto el saliente magistrado de la Corte Suprema, Carlos Fayt.

Las “irregularidades” en la designación y remoción de jueces subrogantes fue luego abordada por Herrera así como la necesidad de superar la “virtual parálisis” del Consejo de la Magistratura.

 

La denuncia de espionaje repercutió fuerte en el Gobierno y en el macrismo

LA NACION, JUEVES 22 DE OCTUBRE DE 2015

El gobierno de Cristina Kirchner rechazó ayer las denuncias de espionaje a empresarios, jueces, periodistas y dirigentes políticos, y acusó a las diputadas de Pro que hicieron la presentación judicial de montar una “operación política”. También cerca del candidato presidencial de Cambiemos, Mauricio Macri, hubo incomodidad por introducir ese escándalo sobre el final de la campaña electoral.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, calificó la denuncia de “invento” de las diputadas macristas Laura Alonso y Patricia Bullrich. No obstante, adelantó que el Gobierno “se va a allanar para que se pueda investigar lo que haya que investigar”.

A su vez, el director de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), Oscar Parrilli, aseguró que “no está en el ADN” de la Casa Rosada intervenir teléfonos. “Pueden hablar tranquilos por teléfono. Nadie los está escuchando”, agregó en Radio La Red, aunque admitió que ello “sí se puede haber hecho” durante la gestión del ex director de Operaciones de la ex SIDE Antonio “Jaime” Stiuso.

También rechazaron la denuncia los ministros de Defensa, Agustín Rossi, y de Economía, Axel Kicillof. Rossi señaló que era “una operación política” cuatro días antes de las elecciones y que Macri “tiene la particularidad de estar procesado por el delito de escuchas”.

En sus denuncias, que recayeron en los jueces federales Sebastián Casanello y Emiliano Canicoba Corral, las diputadas Bullrich y Alonso aseguraron que la supuesta orden de escuchas a 202 personas partió de la AFI y se ejecutó en la propia AFI y en la Dirección de Inteligencia del Ejército desde dos direcciones diferentes.

El espionaje político está tipificado como delito en la ley de inteligencia. Pero se agrava si lo ejecutan las Fuerzas Armadas, porque la ley de defensa y de seguridad interior les prohíbe intervenir en asuntos internos, con lo cual infringirían tres normas y no sólo una.

Consultada por LA NACION, Bullrich defendió la denuncia: “Ésta no es una acción de campaña. Es una denuncia sobre un modus operandi de los K”. Dentro de Pro, la presentación judicial había causado revuelo interno porque el equipo de comunicación dejó trascender cierta incomodidad con la oportunidad de la presentación.

“Es un tema de la Justicia y no tiene relación con la campaña”, dijo una fuente cercana a Macri. Los funcionarios porteños calificaron de “innecesaria” la presentación y temían que pudiera comprometer la suerte electoral de Cambiemos, ya que el tema de las escuchas podría ser asociado a Macri, procesado por ese tema.

En el mismo sentido, los legisladores de Cambiemos Oscar Aguad (UCR), Juan Carlos Marino (UCR) y Oscar Castillo (Frente Cívico y Social) solicitaron a la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos y Actividades de Inteligencia convocar “con urgencia” a Parrilli, a Rossi y a la procuradora general, Alejandra Gils Carbó.

El candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, tomó distancia: “Nunca voy a respaldar, avalar o promover ningún tipo de espionaje interno en el marco de la Constitución y las libertades individuales”.

Consultado al respecto, el ex jefe de la ex SIDE Miguel Ángel Toma (2002-2003), uno de los 202 mencionados como blanco de espionaje político, aseguró a LA NACION que “la denuncia tiene sustento, porque las listas difundidas tienen el lenguaje que se utiliza en cualquier orden interna de seguimiento e interceptación telefónica”.

Toma aclaró que los números de teléfono de los espiados no deben figurar en las órdenes internas, porque suelen ser rastreados por quienes ejecutan las “pinchaduras”. Según confió “el formato de las listas y la jerga indican que la denuncia es verosímil”.

Hay un dato que llamó la atención a aquellos que conocen las internas en el mundo del espionaje. Entre los cientos de famosos que integraban la lista había un dato que parecía un mensaje encubierto: allí figuraban también los datos del ex espía Antonio Jaime Stiuso y los de toda su familia.

Con la colaboración de Jaime Rosemberg

El fantasma que desvela al oficialismo

LA NACIÓN, martes 20 de octubre de 2015

El piso constitucional del 40% pasó a ser el fantasma del gobierno de Cristina Kirchner y del candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli. El oficialismo está confiado en ganar las elecciones del domingo próximo en primera vuelta, pero la preocupación de esta semana pasará por asegurar los dos puntos que faltan para alcanzar ese porcentaje clave.

“Hay confianza en que ganamos. Sacamos diez puntos de diferencia sobre el segundo, pero la complicación en estos días es alcanzar los 40 puntos para asegurar un triunfo en primera vuelta”, confió a LA NACION un funcionario del Gobierno muy involucrado en el sciolismo.

En todas las encuestas, el candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, aparece en segundo lugar y el postulante de UNA, Sergio Massa, en tercero. Pero la complicación del kirchnerismo es que Massa se afianzó en el votante opositor peronista. “Nos cuesta llegar a 40 porque Massa está firme en un votante peronista y opositor”, dicen en Balcarce 50. Sin embargo, no creen que el ex intendente de Tigre pueda superar a Macri.

Según la Constitución, para ser presidente hay que ganar por más del 45% de los votos o bien superar el 40% y sacar 10 puntos de diferencia con el segundo. Esta última es la apuesta de Scioli y de Cristina para no tener que ir a un ballottage contra Macri o Massa. Si ningún candidato llega a 40 puntos, hay ballottage entre los dos primeros.

Los números que manejan las distintas encuestas del oficialismo indican que Scioli ronda el 39%; Macri, el 29, y Massa, el 21.

En cierto punto el Gobierno está tomando de su propia medicina: en las últimas semanas alentó el crecimiento de Massa para perjudicar a Macri y bajarlo de los 30 puntos para asegurar la diferencia de diez puntos. La maniobra fue exitosa, pero ahora Massa no baja lo necesario para que Scioli pueda asegurar el 40%. El traspaso de ex massistas al sciolismo, como Mónica López, no tuvo el efecto esperado.

Es por ello que, esta semana, Scioli intentará mostrar una mayor independencia de Cristina Kirchner para lograr los dos puntos de indecisos que se acercan cuando el gobernador toma distancia del Gobierno y le envía señales al peronismo histórico, especialmente en el conurbano bonaerense y en el centro del país. Haría para ello más anuncios para un hipotético gabinete nacional. Ayer dijo que de ganar designará a Sergio Berni en Seguridad y Julián Colombo al frente de la secretaría general de la Presidencia.

“El problema que tiene Scioli es que cada vez que Cristina sale a hablar, aunque diga que es su candidato, lo condiciona a continuar el modelo sin cambios y sin dar un solo paso atrás. Esto le quita margen a Scioli de ir por el voto independiente y del peronismo puro”, confió un hombre del oficialismo.

Esto último ocurrió en el acto del viernes pasado en Caleta Olivia, donde la Presidenta le levantó la mano: “Esta transformación no se va a detener, porque Daniel va a ser presidente de todos los argentinos”, dijo Cristina.

En la misma frase hubo un respaldo y un condicionamiento a Scioli a seguir las políticas del modelo nacional y popular, en caso de que gane las elecciones.

El otro dato que infunde temor en el Gobierno, con miras al domingo, es que las encuestas difundidas el fin de semana induzcan a los votantes de las terceras alternativas opositoras a aplicar un “voto útil” en favor de Macri para evitar que Scioli gane en primera vuelta y así forzar un ballottage.

En ese caso, aunque Scioli saque más de 40 puntos, Macri podría descontar y quedar a menos de 10%, para así ir a una segunda vuelta. Éste es el escenario que la Casa Rosada no quiere ni imaginar, porque un ballottage sería otra elección completamente distinta.

Zannini bajo la lupa de La Cámpora por su acercamiento a Scioli

LA NACIÓN, domingo 18 de octubre de 2015

El fin de ciclo trajo nerviosismo, recelos y suspicacias en el núcleo duro del kirchnerismo. El ala ultra de La Cámpora, liderada por Máximo Kirchner, comenzó a sospechar de que Carlos Zannini, mano derecha de la presidenta Cristina Kirchner, se siente cada vez más cerca de Daniel Scioli, candidato presidencial del Frente para la Victoria (FPV).

Esa visión conspirativa la comparten el jefe formal de La Cámpora, el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, el más crítico de Scioli, y su par Juan Cabandié, que junto a cierta militancia influyen sobre Máximo.

Incluso, un motivo de desconfianza, según pudo saber LA NACION de fuentes muy cercanas al camporismo, es que Zannini en persona “no padece causas judiciales ni sufrió denuncias del Grupo Clarín”.

Sin embargo, altas fuentes de la Casa Rosada aseguraron tajantemente a LA NACION que Zannini no traicionará a Cristina ni a Máximo: dejó trascender que su objetivo es operar de “nexo” entre Cristina y Scioli para sostener una gobernabilidad que prevé complicada. Cree, en rigor, que Scioli aplicaría una política económica y exterior pro-mercado, reñida con el modelo.

“Zannini quiere moderar a Scioli para que no se «derechice», pero también a los fundamentalistas de La Cámpora, para que no arruinen la gobernabilidad en aras de la revolución. La Orga no puede ser más importante que el proyecto”, ironizó un alto funcionario, cercano a Zannini.

En el campamento camporista replican: “Según los pibes, eso del nexo es un invento para seguir pintándose de naranja (color de Scioli)”.

Sin embargo, Zannini, secretario de Legal y Técnica, monje negro y operador político y judicial de Cristina, suele pronunciar en la campaña del FPV los discursos más encendidos en defensa del modelo, pese a que Scioli aclara que mantendrá lo bueno y cambiará lo malo.

Las sospechas de Máximo y su tropa llegaron a oídos de la Presidenta, pero ella no se pronunció.

La disputa interna entre “puros” y “naranjas”, anticipada el lunes último por LA NACION, no se reduce a Zannini. El ala dura de La Cámpora también recela de los camporistas sciolistas como Eduardo “Wado” De Pedro, Mariano Recalde y Julián Álvarez.

Además, desconfía de Sergio Berni, que seguiría en Seguridad si gana Scioli, y de Diego Bossio, quien sería ministro de Infraestructura.

Casualidad o no, los camporistas “naranjas” son los que deben disputar cargos y necesitan el padrinazgo de Scioli. De Pedro quiere ser presidente de la Cámara de Diputados; Recalde pretende seguir en Aerolíneas Argentinas. y Álvarez busca la intendencia de Lanús.

En cambio, los “puros” -Máximo, Larroque y Cabandié- tienen aseguradas sus bancas legislativas.

Un allegado a los “naranjas” dijo: “Los pibes no entienden que hay que ganar. Se autoboicotean. Zannini lo entiende y quiere ganar”.

La Cámpora culpa a Zannini de que pese a la ley de medios todavía no pudo dividir al Grupo Clarín, que se defiende en la Justicia. Peor aún: Clarín compró Nextel y se expande. Por eso La Cámpora, que controla la Aftic, logró bloquearle a Fintech, socio de Clarín, la compra de Telecom. “Zannini se irá indemne. Y Máximo y Aníbal Fernández están llenos de causas judiciales”, dijo un funcionario que habla con el ala dura. “Hay mucho ruido interno en La Cámpora, discusiones, tensión”, agregó.

Los ministros se solidarizan con Zannini y saben que, por formación y capacidad, será un negociador entre Cristina y Scioli, así como lo hacía entre Néstor y Cristina en sus frecuentes discusiones. “Zannini tratará de que el gobierno de Scioli funcione y quiere asegurar la gobernabilidad”, dijo uno de ellos.

 

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