En la Casa Rosada ya se vive un marcado clima de fin de ciclo

LA NACIÓN, domingo 15 de noviembre de 2015

Tanto la presidenta Cristina Kirchner como el último de los empleados de La Cámpora comenzaron a organizar la retirada. Se respira en la Casa Rosada un clima de final de ciclo, en forma independiente de que sea Daniel Scioli o Mauricio Macri quien suceda el 10 de diciembre próximo a la jefa del Estado. Las luces se apagan más temprano, los despachos se vacían mucho antes de la noche y arrecia el sonido de las máquinas que trituran papeles.

Es la postal de la despedida. Carpetas, cajas y expedientes son trasladados fuera de Balcarce 50. Carlos López, secretario adscripto para Asuntos Especiales de la Presidencia, principal secretario privado de Cristina, comenzó a organizar el recibimiento del gobierno entrante que se definirá en el ballottage del domingo próximo.

“Hay que prepararse porque el 24 de noviembre pueden caer los futuros funcionarios a preguntar por sus nuevos despachos”, ordenó López, según confiaron a LA NACIÓN fuentes del área presidencial.

La obsesión de Cristina Kirchner es que ni el candidato a presidente del Frente para la Victoria (FPV), Daniel Scioli, ni su par de Cambiemos, Mauricio Macri, observen alguna desprolijidad si les toca ocupar la Casa Rosada.

En la otra ala del primer piso, sobre la esquina de Rivadavia y Balcarce, el jefe de la Casa Militar, teniente coronel Agustín Rodríguez, el “militar militante”, comenzó a diseñar a desgano y con nostalgia el operativo de seguridad para el traspaso del mando a Scioli o a Macri.

La casa debe estar en orden. Rodríguez reforzó la seguridad de las salidas de Balcarce 50 y de la explanada para que ningún empleado saliente sucumba a la tentación de llevarse de recuerdo algún bien del Estado: computadoras, cuadros, pisapales o abrochadoras.

“La sensación general es que Macri tiene muchas chances de ganar, pero todavía hay esperanzas en Scioli”, dijeron a LA NACIÓN varios funcionarios. Descuentan que el primer destino de Cristina, cuando entregue la banda y el bastón, será El Calafate. ¿Irá a la ceremonia? Silencio. Un avión la esperará en el Aeroparque, pero no será el Tango 01.

La mayoría de los despachos comienzan a vaciarse antes de las 19 y no de las 21, como era habitual. Los empleados con contratos temporarios que vencen el 31 de diciembre, en su mayoría de La Cámpora, están resignados y buscan empleo. Tienen ilusiones en los futuros organismos que quiere crear Cristina por ley.

Esa desolación se percibe en las oficinas de la Secretaría de Comunicación del primer piso, que depende de Alfredo Scoccimarro. Ni Macri, ni Scioli, ni Papá Noel, descuentan, les renovarán su contrato.

“Si gana Scioli hay alguna esperanza, lejana. Pero si gana Macri saben que se van”, dijo un funcionario de carrera. “Hay una pelea interna entre «prosciolistas» y «antisciolistas» de La Cámpora. Estos últimos quieren pasar a liderar la oposición, junto a Cristina”, agregó.

En los despachos de la Secretaría Legal y Técnica, de Carlos Zannini, se respira renovación: decenas de familiares y amigos de Carlos Liuzzi, segundo de Zannini, serían reemplazados por la planta permanente.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se dedica a cerrar el año con su secretario de Coordinación de Administración Presupuestaria, Lucas Gancerain. No tiene planes futuros y lo espera un tiempo sabático.

El aparente trabajo de años está siendo triturado. En todos los despachos del Palacio y, sobre todo, en el del subsecretario de Comunicación Pública, Hernán Reibel Maier, funcionan a destajo las máquinas trituradoras de papel. El esfuerzo de años se va en papel picado.

Mano derecha de Máximo Kirchner, Reibel administró la pauta publicitaria de $ 1700 millones anuales de la agencia Télam y bajó línea editorial con mano de hierro a los medios de prensa oficialistas. Pero está en retirada.

“La idea es dejar todo ordenado y prolijo en la ejecución de partidas. No quieren problemas”, contó a LA NACIÓN un colaborador de La Cámpora. “El ánimo es maníaco depresivo, de la euforia a la depresión”, señaló otro agente público. La excitación y el pánico se suceden con el vaivén de las encuestas.

Falta mantenimiento. La Secretaría General de la Presidencia, que dirige el camporista Eduardo “Wado” De Pedro, tarda en arreglar el aire acondicionado, suministrar papel higiénico y los baños huelen a final de fiesta. En el Palacio, deslizaron incluso que se dejarán dispositivos de escuchas en las paredes para “espiar” a los futuros funcionarios. El futuro Presidente deberá hacer barrido y limpieza como primera medida.

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