Macri debe copiar el gradualismo que aplicó CFK para subir la nafta y los pasajes de avion

Es mentira que el gobierno de Cristina Kirchner no aumentaba las tarifas porque cuidaba el poder adquisitivo de los ciudadanos. Eso solo ocurrió en el gas, la luz y el agua. Pero no en la nafta, por ejemplo. Cuando YPF estaba en manos de Repsol, Nestor y Cristina le pusieron un tope y la petrolera no podía incrementar los precios de los combustibles.

Pero cuando Cristina reestatizó la compañía el precio se disparó. En manos de ella, se destrabó la autorización para aumentar. En abril de 2012 la nafta super estaba 5,5 pesos el litro. Hoy supera los 18 pesos y aumentó el 327%.

Lo mismo ocurrió con el mercado aerocomercial. Las tarifas de los pasajes estaban frenados hasta 2009. Ese año se reestatizó Aerolíneas Argentina. Un pasaje a Córdoba en la línea de bandera estaba 301 pesos en 2009. Hoy se paga entre 1700 y 2000 pesos un pasaje a la Docta, según el día. Aumentó un 660%. Los aumentos fueron ocurriendo por goteo.

Podríamos decir lo mismo de la inflación. Desde 2006, aumentó 700% el índice de precios y el costo de vida. Cristina no congeló el precio de la leche, el aceite, la yerba, la harina, la carne, los fideos y las verduras. Esos sufrieron “tarifazos”, aunque fueron un goteo a lo largo de varios años.

Primera lección para el gobierno de Mauricio Macri. Los aumentos de tarifas de gas, luz y agua, no deberían ser abruptos. Debieron ser mucho más graduales y continuos, progresivos y paulatinos. ¿Qué hubiera pasado si el gobierno de Cristina aumentaba la nafta 327% en un día o los pasajes un 660% de un momento a otro? Lo hizo sin conflicto, progresivamente y hoy nadie critica sus aumentos, de 30 o 40 centavos por vez.

El gradualismo de Macri fue del 400% para el gas, pero eso repercutió en que algunas boletas registraran 1000 o 1500 % de aumentos. Eso es lo que nunca debió haber ocurrido. Esa bomba le explotó. Otras, como el cepo y los holdouts, las desactivó. Pero con las tarifas se compró el conflicto político más grave y evitable de lo que va de su mandato.

¿Está a tiempo de corregirlo? Por supuesto. Podría convocar a una mesa de expertos y bajo la excusa de discutir la energía para dentro de 50 años, podría hacer un plan integral con un cronograma continuo de aumentos en tres o cuatro años. Bien manejado políticamente, ganaría autoridad. Faltan dos cosas: voluntad y sentido de la política.

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