LOS "SUPERPODERES" PARA CAZAR EN EL ZOOLÓGICO PUEDEN AGUDIZAR LA GRIETA Y LA PARALISIS ECONOMICA

AL IGUAL QUE MACRI, ALBERTO BUSCA EQUILIBRIO FISCAL A TRAVES DEL AUMENTO DE IMPUESTOS Y RETENCIONES Y GENERA MALESTAR EN LOS SECTORES PRODUCTIVOS. MAS RECURSOS PARA LOS POBRES, PERO NO MAS OPORTUNIDADES PARA SALIR DE LA POBREZA. LA EPICA DE LA GUERRA DE “POBRES CONTRA RICOS”

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Por Mariano Obarrio

El ambicioso paquete de “superpoderes” del presidente Alberto Fernández resultó tiene una llamativa similitud con lo que hizo Mauricio Macri en la peor decisión de su gobierno. El Presidente y su antecesor intentaron buscar el equilibrio fiscal mediante el aumento de los impuestos y de las retenciones, antes que imaginar recortes en el gasto improductivo del Estado o una mejor administración. Más carga fiscal sobre los sectores productivos y sectores medios, impuestos distorsivos y discrecionales, y menos ajuste sobre la política.

Ni Macri ni Fernández imaginaron cómo incluir a sectores sociales que sólo reciben subsidios y están esclavizados con el clientelismo para transformarlos en actores del desarrollo que generen ingresos genuinos. Ese es el verdadero ajuste pendiente y virtuoso que nadie hizo. No hay un proyecto de desarrollo y producción. La Argentina es una mina de oro en la cual los trabajadores mineros se pelean entre sí para despojarse sus pertenencias unos a otros y ninguno se dedica a trabajar para ver cómo se extrae el oro para enriquecerse todos y agrandar la torta.

Alberto y Mauricio se propusieron aumentar los ingresos cazando en el zoológico, antes que salir a combatir en serio la informalidad y a blanquear al 40 por ciento de la economía negra. Con sus impuestazos, que recaerán mayormente en la clase media (“los giles que siempre pagan”) y no en “los que más tienen”, el Gobierno logrará sólo que los que hacen funcionar la rueda de la economía se arrepientan y piensen dos veces antes de invertir o consumir. La mayor presión tributaria, en una economía agotada, está probado, es recesiva. La nueva odisea de los giles está a la vuelta de la esquina,

La justificación de tamaña poda de los sectores medios es la necesidad de “quitarles a los ricos para darles a los pobres”, como ahora pregonan los voceros periodísticos del kirchnerismo. La lógica siempre es la misma: imaginan ideas para darles más subsidios, pero nadie piensa en cómo darles lo principal para la vida: más educación y herramientas verdaderas para que dejen de ser pobres e ingresen en el progreso, en la dignidad de la cultura del trabajo y se puedan valer por sí mismos. Se reparte el pescado, se los estigmatiza, pero nadie les enseña a pescar.

Después de las medidas de ayer, esos sectores postergados serán menos pobres por un tiempo, quizás, pero seguirán siendo pobres para siempre. Se les multiplicará el poder a los movimientos sociales y a sus dirigentes que negocian planes sociales. Se incentivará la economía popular pero no existe un plan para formular un plan de desarrollo integral y productivo. Nadie pensó en cómo otorgarles el mayor bien que necesitan esos sectores marginados: la libertad de la educación y del trabajo de calidad. No existe un plan para formar y formalizar trabajadores.

El criterio del New Deal, de Franklin Roosevelt (“Recuperaremos nuestros recursos naturales al mismo tiempo que nuestros recursos humanos”) está ausente en el proyecto que se apoderó del peronismo.

También se eliminó la libertad de las clases medias, que no podrán comprar dólares en el mercado oficial, no podrán comprar bienes en el extranjero ni viajar, sin antes dejar un 30% de sus gastos en manos del Estado benefactor. El aumento a los bienes personales tanto locales como en el exterior aumenta una presión tributaria ya de por sí excesiva sobre la clase media durante el gobierno de Macri. El regreso a los ingresos brutos previo al pacto fiscal será una carga feroz sobre las Pymes y sobre las economías regionales. Esos sectores eran los que debían convertirse en el motor de la reactivación.

Las familias que planeaban alguna inversión, una ampliación, la mudanza, la construcción, actividades que dan trabajo, paralizarán sus proyectos. Las retenciones al agro también deprimirán los negocios de los productores, grandes, medianos y pequeños: no en vano toda la Mesa de Enlace fue la que se opuso a la medida inconsulta del viernes, incrementada en tres dólares con el proyecto de emergencia económica.

La delegación de facultades extraordinarias del Poder Legislativo al Poder Ejecutivo barre con el principio de la vida en democracia, la República, la división de poderes, y la representatividad popular. Podrá no interesarle a una gran parte de la población ausente de esos detalles institucionales. Pero es un valor fundamental para el prestigio del país, la seguridad jurídica y el respeto por las reglas de juego.

Alberto Fernández quiere arrogarse “superpoderes” nunca vistos para reasignar partidas presupuestarias, regular tarifas y precios, intervenir en organismos públicos descentralizados de alta sensibilidad y aumentar salarios y jubilaciones por encima de las leyes que previamente sancionó el Congreso. En medio de este avasallamiento del Congreso, de qué sirve la convocatoria a un Consejo Económico y Social que supuestamente iba a servir para generar las grandes políticas públicas, si los consensos quedarán en manos de una sola persona, el Presidente.  

El impuestazo del 30% para la compra de dólares oficiales tiene un doble efecto: por un lado busca incrementar la recaudación fiscal al tiempo que desalienta la salida de dólares. Pero por otro estimula la compra de dólares en el mercado paralelo que hoy seguirá siendo más barato a 74 pesos que el nuevo precio virtual de 82 pesos del nuevo dólar oficial. Es una obviedad que el “blue” buscará confluir con el precio oficial y la devaluación se pondrá en evidencia en poco tiempo.

En la Argentina no hay devaluación sin un posterior traslado a los precios. Macri creyó que “no” cuando liberó el cepo en 2016, pero la realidad le demostró lo contrario. Si el Gobierno pretende contener los precios a fuerza de acuerdos compulsivos, seguramente podrá lograrlo apenas por un tiempo. La olla a presión siempre termina desbordando los planes de los ministros más poderosos.

El ministro Martín Guzmán busca transmitir calma y serenidad cuando habla, señala que puso en marcha un plan económico “integral” que tiene el equilibrio fiscal como centro de sus objetivos. En todo caso, será un equilibrio logrado por las malas. La reactivación económica, de tantos garrotazos, podría quedar herida de gravedad. El gobierno de Fernando de la Rúa también comenzó con una suba de impuestos y sofocó las expectativas iniciales de reactivación.

Está claro que el objetivo de fondo de Alberto Fernández es transmitir a los mercados y al Fondo Monetario Internacional que tendrá los dólares para pagar la deuda: es posible que haya logrado su meta, habida cuenta la baja del Riesgo País de más de 7 puntos. Sin embargo, es posible también que, con un discurso de lucha de ricos contra pobres, agitando nuevamente la grieta, el Presidente termine asemejándose a Macri por encontrar los dólares a corto plazo pero a costa de una fuerte parálisis económica. Con el agregado de un cercenamiento de muchas libertades, que habrán sido conculcadas por una diversidad de corralitos.

El aumento a la base de la pirámide de las jubilaciones, que barre con otra ley aprobada por el Congreso, provocará demandas judiciales porque también será inequitativa y despareja. Perjudica a unos para beneficiar a otros. Enfrenta a unos con otros. Con la base de cálculo del sistema de Macri, los jubilados estarían percibiendo aumentos del 60% por la inflación pasada. Pero el gobierno nacional y popular cambiará las reglas de juego y ya muchos no alcanzarán ese beneficio.

El Presidente asumió con un discurso republicano, hizo una invitación al diálogo y a los consensos y propuso el cierre definitivo de la grieta. Pero en una semana, emitió tres decretazos: la doble indemnización por despidos, que desalentará la contratación de trabajadores; el aumento de retenciones, que reforzará en el nuevo proyecto de ley, y la legalización del aborto por simple resolución en contra de los códigos Penal, Civil y de la Constitución.

El proyecto de ley de emergencia completa la obra maestra de la contradicción. Planteó un país de viejos resentimientos en los que la única manera de gobernar pareciera que es perjudicando a los sectores medios para darles beneficios de corto plazo a los bajos. No hay plan de desarrollo, ni de inclusión de los excluidos en la economía formal. La Argentina es una mina de oro en la cual los mineros se pelean entre sí para despojarse las vestiduras unos a otros y ninguno se dedica a trabajar para ver cómo se extrae el oro. El riesgo latente es una lucha de pobres contra pobres que agigantará las antinomias y las contradicciones, afuera y adentro del Gobierno. Y que además está lejos de reactivar la economía, que era el objetivo de la campaña de Todos.

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